Imagínanos juntas

Imaginanos juntasLos invito a realizar el siguiente ejercicio mental. Imaginen (o recuerden) el día de su casamiento. (Re)vivan los nervios y el entusiasmo. Imaginen que, minutos antes de dar el «sí», descubren entre los invitados a la ceremonia un rostro desconocido que justo en ese momento les dispara un flechazo tan profundo como inapropiado. Imaginen además que ese rostro corresponde a una persona de su mismo sexo. Complicado, ¿no?

Pues bien… A grandes rasgos, ésta es la propuesta de Imagínanos juntas, película que -de manera muy política y muy correcta- cuenta una historia de amor entre dos mujeres. De hecho, nada de lo que podamos imaginar con los pies sobre la tierra (reacciones de incomprensión, despecho, marginación, desprecio) ocurre en la opera prima de Ol Parker.

Al contrario, aquí el ingrediente homosexual aparece con naturalidad. En todo caso, el conflicto de esta comedia romántica gay friendly pasa por el hecho de conocer el verdadero amor en las circunstancias más inoportunas.

A lo sumo, el guión alude a prejuicios inofensivos, encarnados por ejemplo en un muchacho empecinado en hacer «cambiar de bando» a una lesbiana o en una madre que se pregunta cómo se hará abuela en circunstancias en principio tan desfavorables. El resto es un dechado de virtudes. 

Imagínanos juntas resulta aún más edulcorada que Besando a Jessica Stein, comedia lésbica igualmente light pero al menos capaz de explorar un poco más las dificultades surgidas a la hora de asumir un amor homosexual. Precisamente por eso, el trabajo de Parker no corre demasiados riesgos de rasgar vestiduras entre el público heterosexual ni de herir susceptibilidades entre el público gay. Precisamente por eso también resulta bastante anodino.

Fiel a su género, esta comedia romántica nos regala un pedazo de vida color rosa. En última instancia nos permite reflexionar sobre las abismales diferencias que a veces separan a la ficción de la realidad.