Periodismo de película

Periodistas cinematográficosHoy 7 de junio, en honor al Día del Periodista, se me ocurrió escribir sobre oootro periodismo («otro más«, valga la redundancia), en esta ocasión, sobre el periodismo que muestra el cine de ficción. Un periodismo en general valiente, sagaz, justo, cuya contracara ácida suele pasar desapercibida, salvo contadas excepciones.

¿Qué sería de Superman y Spiderman sin Clark Kent y Peter Parker? ¿Cómo protegerían su identidad secreta si no fuera por el disfraz de reportero gráfico responsable, honesto y discreto? En casos como éstos, los largometrajes herederos de las historietas reivindican la figura del periodista sacrificado, de bajo perfil, aliado incondicional del Bien en su eterna lucha contra el Mal.

Ante esta constatación, no sorprende entonces que el mismísimo Steven Spielberg quiera filmar las aventuras de Tintin, joven cronista siempre dispuesto a resolver misterios, a combatir el crimen y a rescatar amigos.

Del lado de los proyectos testimoniales, encontramos dos producciones exitosas protagonizadas por periodistas de carne y hueso comprometidos con la lucha por la verdad. Seguramente los admiradores de Mel Gibson recordarán El año que vivimos en peligro, film que cuenta las desventuras de un corresponsal extranjero en la Indonesia de Sukarno. Por su parte, los seguidores de Robert Reford y Dustin Hoffman tendrán en mente a Todos los hombres del Presidente de Alan Pakula, inspirada en el caso Watergate.

El celuloide también generó trabajadores de prensa pintorescos. Por ejemplo, el editor workaholic Henry Hackett/Michael Keaton de El diario, el periodista deportivo Oscar Madison/Walter Matthau de Extraña pareja (nobleza obliga, este personaje proviene del teatro), el especialista en notas de color Phil Connors/Bill Murray de El día de la marmota, la pasante arribista Suzanne Maretto/Nicole Kidman de Todo por un sueño y la movilera amarillista Andrea Caracortada/Victoria Abril de Kika.

También existe la versión romántica del periodismo. En Algo muy personal, llega de la mano del ya mencionado Redford, cuyo personaje Warren Justice (el apellido lo dice todo) se encarga de convertir a Michelle Pfeiffer en una brillante notera televisiva. En Un día muy especial (noten la similitud entre títulos), Michelle vuelve a enamorarse de otro colega igualmente buen mozo y profesional, en esta oportunidad encarnado por George Clooney.

Los periodistas non-sanctos también tienen espacio propio en la pantalla grande. Probablemente el más importante sea el tantas veces analizado ciudadano Kane de Orson Welles. Le sigue Truman Capote, cuyo retrato cinematográfico existe por partida doble: en la meticulosa Capote de Bennett Miller y en la todavía por estrenarse Infamous de Douglas McGrath.

Por último cabe mencionar el homenaje dedicado a periodistas que prácticamente «se inmolaron» en nombre de su profesión. Pienso en la interpretación que Warren Beatty hizo de John Reed en Rojos, y en el trabajo de Cate Blanchett como Verónica Guerin en la película homónima.

Igual que los repasos cinematográficos sobre la muerte y la maldad, éste también es limitado; de hecho probablemente incurra en omisiones imperdonables. Confío en que los espíritus cinéfilos sabrán cubrir los eventuales baches de memoria.