Las manzanas de Adán

Las manzanas de AdánEs sumamente grato descubrir que Anders Thomas Jensen, co-guionista de la excelente Hermanos, también escribió y dirigió Las manzanas de Adán. Por lo visto, a este cineasta danés de 35 años le sientan bien tanto el drama como la comedia. En cualquiera de los dos casos sus historias resultan originales, interesantes, comprometidas.

En definitiva, ¿qué otros adjetivos podríamos utilizar para describir un guión que propone el encuentro entre un neonazi recién salido de la cárcel y un pastor siempre dispuesto a ofrecer su otra mejilla? ¿Cómo calificar un largometraje cuyas evidentes alusiones bíblicas no buscan «evangelizar» al público, sino invitarlo a reflexionar -con humor a veces negro- sobre el bien y el mal, sobre la fe, sobre la capacidad de redención?

Fiel a esta suerte de inspiración religiosa, Las manzanas de Adán propone una parábola. De ahí el protagonismo adjudicado a personajes arquetípicos; de ahí la explotación de alegorías reconocidas; de ahí la posibilidad de ensayar distintas lecturas detrás de las moralejas más explícitas.

Por momentos, el Iván de Jensen se parece al Cándido de Voltaire. De hecho, ambos antihéroes aceptan su trágico destino con igual bonhomía, y ambos enfrentan la dura realidad con un optimismo que para el resto de los mortales (incluidos espectadores y lectores) equivale a locura o por lo menos a enfermiza e incomprensible negación.

Pero atención. A diferencia del filósofo francés, el cineasta danés no pretende ridiculizar las convicciones -el «positivismo» en términos volterianos- de su personaje. Al contrario, el pastor interpretado por Mads Mikkelsen no sólo conmueve; sino que logra (con)vencer.

Sin dudas, Las manzanas de Adán es un film altamente recomendable. Porque se trata de una historia ocurrente y bien llevada. Porque cuenta con las lucidas (y lúcidas) actuaciones del mencionado Mikkelsen, de Paprika Steen (¿la recuerdan por su trabajo en La celebración?) y del casi irreconocible Ulrich Thomsen (el hermano militar de Hermanos). Y, por supuesto, porque permite seguir descubriendo el talento de Anders Thomas Jensen.