El debate capital

Fotomontaje realizado a partir de fotos publicadas por Perfil.comLos diarios se refirieron a un «encuentro clave«, a un debate «duro» y «caliente«. También celebraron que los candidatos a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires supieran exponer y discutir sus ponencias sin perder la compostura, en un clima sostenido de corrección política. A título personal me permito decir que el balance favorable de los medios me resultó exagerado, tal vez porque no estoy segura de que ese encuentro televisivo entre contrincantes se haya constituido en prueba fiable de nuestro supuesto espíritu democrático. 

Nos guste o no, Mauricio Macri, Jorge Telerman y Daniel Filmus pertenecen a una misma clase social y dirigente. Los tres representan los intereses de la burguesía porteña; los tres poseen experencia gerencial o como managers (valga el neologismo/anglicismo). Cabe entonces suponer que, por encima de sus diferencias partidarias, no los separa precisamente un abismo. Al contrario, en ocasiones parecen tener bastante en común.

Quizás uno de los aspectos más interesantes del debate emitido antenoche por el programa A dos voces haya sido la conformación de alianzas aleatorias. Por momentos, Macri y Filmus aunaban fuerzas en tanto referentes de «la oposición» para cuestionar la actual gestión de Telerman. Por momentos, Telerman y Filmus se lanzaban desde un mismo trampolín ideológico para intentar desnudar el alma trasnochada de Macri. Por momentos, Macri y Telerman coincidían en achacarle a Filmus su procedencia oficialista (entiéndase «kirchnerista» por «oficialista»).

Ante este escenario de grises acomodaticios, difícilmente existan discrepancias insalvables, de ésas que ponen realmente a prueba el espíritu democrático de cualquier debate. Si a eso le sumamos las marcas evidentes de un entrenamiento previo destinado a conquistar las cámaras, entonces la propuesta de A dos voces está más cerca de un acto escolar que de un verdadero encuentro entre plataformas, programas y líderes políticos. 

Fotomontaje realizado a partir de fotos publicadas por LaNacion.com.ar

La dureza y la temperatura que la prensa le adjudicó al debate remiten a chicanas típicas de nuestra idiosincrasia antes que a discrepancias propias de una polémica bien documentada y fundamentada. De ahí la proliferación de expresiones como «es un disparate» (Macri), «tenés razón» (el irónico Filmus) o «estás mintiendo» (Telerman). De ahí que el fundador del Pro blandiera un mini-cartelito (lamentablemente por el tamaño no pude descifrar su leyenda) mientras le decía a un indignado oponente «no pierdas el estilo».

Por supuesto, en los debates políticos por TV conviene que los concursantes conozcan el medio, dominen la retórica, sepan dirigirse a cámara. Por supuesto, detrás de ellos existen asesores que los entrenan, que los equipan con «pruebas», que los alientan. No obstante, me parece que el interés de estas lides pre-electorales debería superar la instancia meramente mediática (en este caso televisiva) y proponer una discusión menos prefabricada, más rigurosa y menos espectacular en el sentido original del término.

Pero claro… Si este «debate capital» -así se lo promocionó- hubiera admitido menos demagogia, y si en cambio hubiera exigido más profesionalismo y seriedad, probablemente ninguno de estos candidatos se habría comportado a la altura de las circunstancias. Y los televidentes habríamos apagado la caja boba con la absoluta certeza de que, a todas luces, nuestros dirigentes son un producto típico de una democracia vacía de contenido, apenas formal. 

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PD. Pocas cosas tan oportunas como hablar de política nacional justo un 25 de mayo, fecha patria si las hay.