La vie en rose

La vie en roseLa vie en rose termina y el público -en general cincuentón/sesentón- aplaude. Sospecho que el aplauso es para Edith Piaf antes que para la película dirigida por Olivier Dahan. Como en la mayoría de las biopics, aquí también la persona retratada supera en protagonismo a quienes reconstruyen su vida. Quizás por eso lo mejor de este film sea la posibilidad de reencontrar las canciones más emblemáticas del célebre «gorrión» de París. 

Pensándolo bien, el film también se destaca por mérito propio. Por un lado, cabe señalar el esfuerzo de producción, es decir, la recreación de época, la atención puesta en aspectos en teoría secundarios (que conste: en el cine francés los personajes estadounidenses no siempre hablan un inglés americano perfecto).

Por otro lado, hay que felicitar a Dahan por la elección de una primera actriz absolutamente comprometida, involucrada, entregada. De hecho, el trabajo de Marion Cotillard es sustancioso, enérgico, conmovedor, digno de admiración. Más allá del parecido físico, más allá del playback, más allá de la imitación de gestos y ademanes, existe una suerte de comunión con el rol asumido, una encarnación profunda, sentida, aguerrida.

Sin dudas, Piaf llevó una vida de novela. Hija de la miseria post-bélica, abandonada por sus padres, criada en un prostíbulo, rescatada de la calle por un empresario teatral, artífice de su propia carrera, «la môme» (en castellano significa algo así como «la piba») cumple con los requisitos típicos de las heroínas de antaño con cierta vigencia actual.

Para contar esta historia, el guión de Isabelle Sobelman evita respetar el orden cronológico, y en cambio prefiere mostrar las piezas de un rompecabezas que el espectador debe armar. Presente y pasado se combinan entonces en un relato más cercano al caprichoso encadenamiento de recuerdos que a la rigurosa biografía de manual. De ahí que algunos hechos sean apenas presentados, y que otros adquieran especial relevancia y coloratura.

Sin embargo, aún cuando se concentra en tres o cuatros elementos narrativos, por momentos el film resulta largo, incluso excesivamente melodramático.

Igual La vie en rose arranca aplausos. Al parecer, el reconocimiento es para Piaf; esta vez la cuestión cinematográfica queda relagada a un segundo plano.

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PD. Me pregunto quién(es) traduce(n) las películas francófonas. Errores como no respetar la diferencia del trato de «usted» y «tú» o, peor aún, confundir los términos «môme» (pibe/a) y «moineau» (gorrión) resultan inadmisibles.