Conciencia desviada

Ayer a la madrugada creí haber escuchado mal cuando en la radio lo citaban a nuestro Papa refiriéndose al encuentro cultural que supuso la evangelización de la América colonizada y conquistada. Sin embargo, horas más tarde me enteré de que el polémico Benedicto XVI no sólo negó que en estas tierras el cristianismo hubiera sido impuesto a costa de sangre, sudor y lágrimas sino que -argumento típico de esta clase de discursos- se permitió reducir las matanzas, las torturas, las humillaciones que soportaron los pueblos autóctonos a meros «desatinos» (¿también habrá hablado de «excesos»?).

Benedicto XVI mira en dirección opuesta a la Historia

A esta altura del partido, no debería sorprender que Joseph Alois Ratzinger exhiba y fundamente su visión distorsionada de la religión, del amor al prójimo, de la paz entre hermanos. Evidentemente nuestro Sumo Pontífice mira en dirección opuesta a lo que señala la Historia (la Historia no oficial, por supuesto). De ahí que sus ojos, su intelecto y por lo tanto su conciencia se desvíen de los testimonios de la época, como las famosas crónicas escritas por Bartolomé de las Casas o las representaciones artísticas alusivas.

De ahí que las pruebas de una conversión oscura, brutal, destructiva, aún hoy desintegradora, sólo se mantengan a salvo -esperemos que intactas- en nuestra tantas veces manipulada (¿manoseada?) memoria colectiva.