El hombre araña 3

Hombre araña 3Y sí… Al hombre araña también le toca enfrentar su costado oscuro. Como a Superman en su momento. Como a la mayoría de los espectadores en más de una ocasión. Aunque en principio tentadora, la propuesta de Sam Raimi desaprovecha el conflicto personal más viejo de la Historia, y en cambio prefiere aferrarse al remanido truco de acumular/potenciar villanos y repartir moralejas a granel. Un pecado imperdonable, precisamente en un mundo disputado por ángeles y demonios.

Al parecer, al guionista/director le pasa lo mismo que al héroe de esta otra historieta ahora convertida en franquicia cinematográfica. De hecho, ambos navegan entre virtudes y defectos, entre certezas y dudas, entre aciertos y fracasos, entre lo mejor de sí y lo peor de sí. Quizás por eso, resulte ilustrativo redactar la presente reseña en función de un esquema igualmente bipolar, en este caso señalando lo bueno y lo malo del tan promocionado largometraje.

Lo bueno
El costado buenoDecididamente, uno de los logros más grandes de El hombre araña 3 es la filmación de la primera persecución, aquélla emprendida por Harry Osborn en una especie de patineta o snowboard supersónica/o. Ocurrente, vertiginosa, alucinante, la corrida promete un dominio no sólo de los efectos especiales sino de cierta coreografía capaz de explotar al máximo los poderes de los rivales y los intersticios de la gran ciudad.

Por el lado de los FX, también cabe elogiar la impactante recreación del hombre arena, especie de tormenta del desierto desatada por una descuidada manipulación molecular (cualquier parecido con la realidad es obra de la más inocente ficción). La escena en que Flint Marko se (re)constituye en criatura de granito es una verdadera joyita de la animación.

La personificación del mal como una suerte de enredadera negra es otro punto a favor. Aunque corre el riesgo de resultar obvia, la alegoría sirve para sugerir la existencia de un poder siempre al acecho, solapado, parasitario, mortal.

Señoras y Señores, que se sepa. Topher Grace también puede encarnar a un malvado. No importa si de manera convincente o no. Lo que importa es que el joven actor hace todo lo posible por desprenderse de su casi alter ego Eric Forman en la -a mi juicio bobalicona- That ’70s show.

Por último, el guiñó para fanáticos. Me refiero a la fugaz aparición de Stan Lee, jefe de redacción de Marvel Comics.

Lo malo
El costado maloLa película se hace demasiado larga. No puede ser de otra manera cuando el superhéroe debe enfrentar a uno, dos, tres villanos, su propio conflicto interno, la competencia laboral, y una vida afectiva cuyos problemas se multiplican por dos (tengamos en cuenta que ahora, a las idas y venidas con Mary Jane, se les suman los desencuentros con Harry).

Hablando de villanos… Habiendo tantos “nuevos” (nuevos en el cine) para explotar, ¿hacía falta reflotar a los duendes verdes, padre e hijo Osborn? Además de reponerlos, ¿también había que regenerarlos, es decir, darles la oportunidad de redimirse?

No hay vuelta que darle. A Tobey Maguire el traje de spiderman le queda grande. Si con el rojo y azul tiene problemas, imagínense con el negro. A lo sumo, la maldad lo despeina; pero nunca logra liberarlo de la inexpresividad. 

Sería en cambio injusto criticar a Kirsten Dunst por su MJ. En definitiva, ¿qué puede lograr con un personaje víctima de una terrible mala racha, que no hace más que frustrarse, llorar, y resignarse a un eterno segundo plano?

Ay, las moralejas, las moralejas. Es cierto que los comics suelen impartir lecciones. Muy bien; son las reglas de un género. ¿Pero por qué la multiplicidad de mensajes? ¿Por qué la insistencia? ¿Por qué los lugares comunes? ¿Por qué la previsibilidad? ¿Por qué someterlo a Thomas Haden Church a la obligación de pronunciar un discurso tan pero tan cursi?

Dicen que enfrentarse con uno mismo resulta agotador pero a la larga edificante. Si bien la aventura exige compromiso, esfuerzo, sufrimiento, valor, uno sale fortalecido, ennoblecido, más sabio. ¿Tal vez el caso del héroe arácnido sea la excepción a la regla? De ahí que al final de la lucha interna haya quedado abatido, desganado, a punto de convertirse en una pálida -a esta altura insostenible- versión de lo que alguna vez fue.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 respuestas a “El hombre araña 3

  1. voy a tratar de ser breve pq son las 6.46am del domingo… y quiero ir a dormir (luego de un empacho de 2 capitulos de LOST 3 ^_^ )
    LO BUENO
    Solo voy decir q cincuerdo con lo de Topher Grace. En el film me encantó el personaje… y yo NO LO RECONOCÍ cmo ERIK sino hasta que -más tarde escribiendo mi post- busqué su nombre en IMDB y salto el dato de Thats 70 show. Eso evidencia que nunca fui muy fan d esta serie, aunuqe cuando la engancho me gusta. Punto para Topher.
    Oh… y durante la 1era pelea hubo -muchos- momentos en los q NO SABIA Q PASABA. ERA TODO DEMASIADO VERTIGINOSO Y OSCURO… y no me agradaba eso.

    LO MALO
    Es verdad, muchas moralejas.
    Y sobre la parte del Peter malo… ya sabés lo q pienso, a mí me gustó esa parte. Me divirtió más que toda al película, por más “ridícula” q resultase… Me hubiera gustado ver MUCHO más del Peter sarcástico q se burla del “Goblin Jr”, y se preocupa solo por si mismo. De hecho, en el comic, esa era la parte interesante -además de la malévola- de la saga del traje negro.

    nada más… m voy a dormir! ^_^

  2. Encuentro -como de costumbre- muy acertada tu reflexión acerca de El hombre araña 3. En particular me molesta bastante este afán de enseñanza mezclado con el consabido sueño americano que tratan de meternos hasta en las más inocentes aplicaciones de la comunicación en masa.

    Justamente ayer me detuve a ver la vieja Pantera rosa, y me pareció tan simpático ver a este personaje despreocupado, fumando elegantemente (cosa imperdonable ahora en un cómic), con aquel andar tan cadencioso y la música divina de Henry Mancini. No recuerdo ninguna moraleja forzada, ningún afán pedagógico, pero qué enseñanza ha sido para mí reencontrarme con la composición visual de cada escena, los fondos bosquejados, el uso del color y de nuevo la música, acompañando y realzando cada situación.

    Pienso que de alguna manera, en ese afán por dejarle todo el protagonismo a los efectos y al ‘mensaje comercial’ se ha perdido bastante el interés en las cosas realmente importantes; nos deja más una buena y sincera propuesta estética, menos ambiciosa y más recreativa.

  3. Estoy totalmente de acuerdo con vos, Pati @-;-, aunque me cuesta comparar un dibujo como el de La pantera rosa con un comic propiamente dicho porque creo que existe una gran diferencia (diría “de género”) entre ambas creaciones.

    Justamente por una cuestión de género, creo que es lógico que las historietas difundan algún tipo de moraleja. En definitiva, son una versión contemporánea de las viejas fábulas protagonizadas por héroes en constante lucha contra el mal. Lo que sí me permito criticar en un caso como el de El hombre araña 3 es -como bien decís- la permanentemente y burda asociación entre las lecciones impartidas y la típica corrección política norteamericana.

    El ejemplo más evidente en este sentido es el diálogo final entre el hombre araña y Flint Marko (o el hombre arena) sobre la siempre disponible libertad de elección, sobre la posibilidad que en principio todos tenemos de “hacer lo correcto” (tal como alguna vez parodió el contestatario Spike Lee). Ni hablar de la clásica escena donde spiderman se recupera a sí mismo y pega un salto victorioso desde un fondo copado por la enorme bandera estadounidense.

  4. Esto último que has recuperado me ha puesto en la mente la simpática cara de Mafalda cuando algo le provocaba asco jejeje…

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