Letanía secular

Trabajadores de regreso a casa, por Edvard MunchCuriosidad discursiva, la palabra «trabajador» parece destilar siempre una connotación gremialista, sindicalista, en estas latitudes, peronista. Quizás por eso en la ciudad de Buenos Aires hay quienes prefieren recurrir a otra terminología y definirse como «empleados», «oficinistas», «administrativos», «ejecutivos», «profesionales», o simplemente «laburantes».

Al parecer, los trabajadores se encuentran sumidos en una lucha sin fin porque los derechos adquiridos desde aquella famosa huelga de mayo de 1886 nunca se convirtieron en universales. De hecho, aún hoy, en pleno siglo XXI, los porteños asistimos al «hallazgo» de talleres de confección clandestinos que explotan a ciudadanos bolivianos como si fueran esclavos del siglo XVIII.

Al menos en un país como el nuestro, los trabajadores siguen denunciando salarios magros, contrataciones en negro, despidos injustificados, maltratos varios. Los albañiles siguen cayéndose de andamios improvisados e inseguros; los mineros siguen aspirando sustancias venenosas para sus pulmones; los obreros municipales siguen taladrando adoquines sin los debidos tapones para sus oídos; en el nordeste los cosecheros de algodón siguen destrozándose los dedos a falta de guantes protectores. 

Abrumada por este panorama, recordé la famosa estrofa de Duerme negrito, poema escrito por don Atahualpa Yupanki, que dice así… 

«Duerme, duerme negrito,
que tu mama está en el campo, negrito…

Trabajando,
trabajando duramente, trabajando sí,
trabajando y no le pagan, trabajando sí,
trabajando y va tosiendo, trabajando sí,
trabajando y va de luto, trabajando sí,
pa’l negrito chiquitito, trabajando sí,
pa’l negrito chiquitito, trabajando sí,
no le pagan sí, va tosiendo sí
va de luto sí, duramente sí.
»

Evidentemente al feriado del 1° de mayo podemos disfrutarlo quienes tenemos un empleo digno y bien remunerado, los privilegiados que -mal que mal- ejercemos nuestra profesión. Para los demás trabajadores, la conmemoración suena en cambio a una secular letanía sin anclaje en la cruda realidad.