La antena

La antenaSi a La antena la hubiera dirigido Tim Burton, probablemente la crítica local habría sido mucho más generosa con los elogios y el público habría corrido a las salas para verla. Pero como a Esteban Sapir muy pocos lo conocen y el largometraje es made in Argentina, las salas donde lo proyectan están casi vacías y las reseñas entusiastas escasean. Una verdadera injusticia para un trabajo cuidado, original, artístico que realza el nivel de nuestro irregular y a veces repetitivo cine autóctono.

La antena es mucho más que un tributo a las películas mudas. Es innegable que la fotografía en blanco y negro, el uso de subtítulos, la musicalización, la gestualidad de los actores, los decorados le rinden homenaje a la obra de creadores como Georges Méliès. Pero el film va más allá, a partir de una fábula sobre la relación perversa entre el poder y los medios de comunicación.

Sapir imagina una ciudad cuyos habitantes han perdido la voz, y están a punto de perder el (re)conocimiento de las palabras. La recreación literal de esta situación se convierte en metáfora evidente cuando abandonamos la ficción y reflexionamos sobre algunas situaciones ligadas a la realidad sociopolítica de nuestros país y, porqué no, a la de otros países del mundo.

Como buena parábola, ésta también apuesta a la lucha entre el bien y el mal, a las figuras arquetípicas del héroe (con sus ayudantes) y del villano (con sus secuaces), y a la intervención de un niño puro e inocente, artífice involuntario de la salvación universal. Por supuesto, después de tantos avatares y desventuras, vendrá el final feliz, justo, reparador.

Además de retomar la estética del expresionismo alemán, esta producción utiliza recursos propios de la historieta, sobre todo cuando maneja los subtítulos que «traducen» los diálogos mudos entre los personajes o cuando se apropia de ciertos íconos góticos. La gráfica adquiere entonces un protagonismo a tono con la importancia acordada a lo visual, a la fantasía.

Esto no significa que el audio queda relegado a un segundo plano. Al contrario, la banda de sonido a cargo de Leo Sujatovich cumple una función importante, al agregarle tensión, suspenso, emoción al relato, tal como lo hiciera el acompañamiento del piano en los viejos tiempos del cine mudo.

Por último, cabe destacar las actuaciones de Rafael Ferro, Valeria Bertuccelli, Julieta Cardinali, Raúl Hochman, Alejandro Urdapilleta (genial, fiel a su costumbre), absolutamente comprometidos con sus roles y con la intención de esta propuesta. Una mención aparte merece la camuflada (y acertada) participación de la ex modelo Florencia Raggi.

Por su calidad artística y por su apuesta a la originalidad, La antena es un antídoto contra los embates del entretenimiento masivo y narcotizante, y una inyección vital para el nuevo cine argentino. Que quede claro: el doble mérito es exclusivo de Esteban Sapir, no de Tim Burton.