Roma

RomaCómo insiste HBO en promocionar la nueva temporada de Roma. Imagínense que mandó un equipo de filmación a Italia para que, desde los estudios de Cinecittá, realizara un Behind the scenes de «la serie más aclamada de los últimos tiempos» (o algo así). Tanto va el cántaro a la fuente que uno sucumbe al canto de las sirenas y acepta la invitación. Después de todo, este canal ha sido distinguido por sus producciones originales. ¿Por qué habría de defraudarnos?

Les ahorro la intriga; las hipótesis son varias y no excluyentes. A saber… Porque a veces el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones. Porque un presupuesto generoso no siempre es garantía de excelencia. Porque los mejores escenógrafos, vestuaristas, maquilladores no pueden compensar las limitaciones del guión y de las actuaciones.

Según explica el mencionado Detrás de escena, Roma es el resultado de un arduo trabajo de investigación y recreación. Al parecer, la construcción de aldeas y moradas, las coreografías de las batallas, la selección de peinados, joyas, telas, ropas, en suma, la puesta en marcha de este proyecto ha sido supervisada al detalle por historiadores especialistas en el antiguo imperio.

Sin embargo, de la pantalla se desprende un halo anacrónico difícil de explicar. ¿Serán los efectos especiales que amputan piernas y brazos a piacere? ¿Serán los rostros femeninos afectados por el botox? ¿Será la estética soft-porn de las orgías? ¿Serán los enfrentamientos callejeros al mejor estilo western? ¿Será el inglés americano que desentona en un paisaje con acueductos? ¿Serán los diálogos dignos de una telenovela? ¿Será todo esto y la pretención demasiado explícita de trazar un paralelismo entre aquel poder hegemónico y nuestra era Bush?

Por razones obvias Estados Unidos siempre le rindió pleitesía al imperio romano. Así lo demuestran las megaproducciones hollywoodenses de los años ’60 y ’70 que giraron en torno a personalidades de la talla de Julio César y Marco Antonio (ante la duda pregúntenle a Charlton Heston) o -sin ir tan atrás en el tiempo- la muchísimo más reciente Gladiador, encargada de reivindicar a través del ciclotímico Russell Crowe la figura del soldado valiente, comprometido e imbatible (cualquier semejanza con los marines es exclusiva responsabilidad de una mente siniestra).

Al final de cuentas, da la sensación de que Roma no hace más que actualizar una tendencia nada novedosa. Tal vez ésta sea la razón principal por la que, a pesar de los bombos y platillos, termina desencantando.