Alerta solar

Alerta solarQué difícil es filmar ciencia ficción de calidad. Para algunos es cuestión de desplegar los efectos especiales más sorprendentes. Para otros basta con inspirarse en películas exitosas como 2001 odisea del espacio y Alien, o en la obra de escritores especialistas en el género. También están quienes creen en la ineludible necesidad de demostrar un manejo profesional del discurso matemático, físico, cibernético. Pues bien, da la sensación de que Danny Boyle respetó todas estas condiciones a la hora de dirigir Sunshine, y sin embargo -vaya paradoja- la película dista mucho de brillar.

Alerta solar es la traducción para el título de una propuesta más cercana al cine catástrofe que a un ejercicio futurista. Es cierto que el largometraje se ambienta en otro tiempo y espacio, y que sus protagonistas integran una tripulación en misión para salvar al planeta Tierra de la escasez de luz natural.

Por otra parte, es indiscutible que la acción se desarrolla en una nave con consolas y sonidos parecidos a los que se ven/escuchan en Star Treck. Que los (verborrágicos) personajes sólo hablan de cálculos, ecuaciones, probabilidades. Que un sistema informático central recomienda y desacata, en esta ocasión con voz de mujer. Que parte del equipo debe lidiar con la intromisión de un peligroso polizonte supranatural.

No obstante, también es igualmente cierto que los miembros de Icarus II enfrentan una acumulación de fallas técnicas y errores humanos que -salvando las distancias de rigor- podría haberse dado en un barco, en un avión, incluso en una torre. Entonces, como tantas otras veces, asistimos a una sucesión de conflictos destinados a empeorar la situación inicial, y por lo tanto a poner a prueba el instinto de supervivencia de los protagonistas… y la resistencia (paciencia en algunos casos) del espectador.

El problema es que este crescendo nunca va más allá de la simple enumeración. En otras palabras, el guión de Alex Garland parece conformarse con un zapping de infortunios, muchos de ellos híper reconocibles (peleas internas, desperfectos técnicos, escasez de oxígeno, aparición de un voraz enemigo externo), y por lo tanto predecibles.

Los contratiempos duran lo que una estrella fugaz. En cuanto se desvanece uno, aparece otro, y así hasta llegar la instancia final igualmente precipitada.

Apenas transcurrida la extensísima hora y cuarenta que dura Alerta solar, uno se pregunta qué pasó con Danny Boyle, qué fue de aquel director capaz de rodar las excelentes Tumba al ras de la tierra y Trainspotting, porqué el cambio de rumbo de una trayectoria que se anunciaba ligada a un cine original, sobrio, inteligente, y que hace tiempo parece varada entre meras producciones de encandilante súper acción.

Observaciones suplementarias

* Garland y Boyle ya habían trabajado juntos en Extermino, otra megaproducción que, si bien presenta algunos aspectos cuestionables (por ejemplo, la inclusión de dos finales), se distingue de Sunshine por una mejor explotación del género abordado, en aquella oportunidad una interesante mezcla entre terror y ciencia ficción.

* Resulta difícil comentar las actuaciones en Alerta solar, probablemente porque los parlamentos son tan indigestos, por momentos inverosímiles, que ni el camaleónico Cillian Murphy puede con ellos.

* Decididamente, al talento de Cillian conviene apreciarlo en El viento que acaricia el prado, y al casi desconocido Cliff Curtis, es mejor descubrirlo en la impactante El amor y la furia. Por último, sospecho que Hiroyuki Sanada se luce más en la estremecedora Ringu.

* En cambio, Chris Evans parece no tener salvación. No la tuvo en Celular, la llamada final. Tampoco en Alerta solar. Quizás la tercera sea la vencida…

* Una pregunta. ¿El personaje de Pinbacker le rinde un homenaje solapado al insuperable Freddy Krueger?

* Una a favor… Dos, en realidad.
Por un lado, los efectos especiales (especialmente la recreación del sol). Por el otro, cierto desliz humorístico (quiero creer) en la escena en que Harvey emite una especie de «puf» cuando se desintegra apenas lo alcanzan los rayos solares. Vaya reedición de la leyenda de Ícaro. 🙄