Dilbert

DilbertResulta curioso verlo a Dilbert en versión animada, y sobre todo doblado al español. Como suele suceder con la mayoría de las historietas llevadas a la pantalla chica/grande, la sensación inmediata es de extrañamiento, probablemente porque los movimientos y las voces rara vez encajan con lo que los lectores imaginamos. No obstante, en cuanto superamos el rechinar de la primera impresión, podemos disfrutar de este otro retrato televisivo del ser oficinista.

En Latinoamérica el mérito es de HBO, canal responsable de cederles un espacio a comics para adultos, como The critic y la aquí comentada tira de Scott Adams. De esta manera, la caja boba pone su enorme capacidad difusora al servicio de autores pocos conocidos por el gran público.

Evidentemente, la intención queda circunscripta al universo de la TV premium. Pero -quién sabe- quizás con el tiempo cunda el ejemplo en la televisión abierta, y en ese caso una nueva grilla de programación muestre más dibujos al margen de los que ofrece, por ejemplo, Caloi en su tinta.

Dentro y fuera del marco catódico, Dilbert seduce a sus seguidores a partir de un humor ácido e implacable que señala el costado más absurdo, por momentos patético, del trabajo de oficina. En este sentido cabe destacar que aquí hasta los animales Dogbert y Catbert aparecen contaminados por el alcance de la envidia profesional, la burocracia, el autoritarismo, la alienación entre otros protagonistas de la rutina laboral-empresarial.  

Por momentos, da la sensación de que el ritmo televisivo minimiza la fuerza de los remates gráficos. Tal vez la animación sea la responsable de convertir a los «chistes» en simples gags cuya sucesión termina desgastando la impronta humorística original.

Aún así, Dilbert tiene quien lo mire. No sólo sus incondicionales de siempre, sino aquellos televidentes que lo descubren por primera vez y que
-afortunados, ellos- no deben enfrentar expectativas/fantasías propias de algún fanático lector.