Cuando Ruoma tenía 17 años

No sé si serán los años, o si he sido víctima de algún hechizo incurable. Lo cierto es que las comidas y las películas asiáticas me gustan cada vez más. 😳
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Cuando Ruoma tenia 17 añosCuando Ruoma tenía 17 años… El título de esta joyita del cine chino evoca el inicio de una fábula, el clásico «había una vez» que de niños identificábamos como el comienzo de un relato encantador y adorable. Por si esta coincidencia no bastara, nos encontramos con la historia de una joven campesina huérfana, cuyos sueños e intereses cambian cuando conoce a un fotógrafo en contacto con la ciudad. 

Atención, éste no es un cuento de hadas; tampoco un alegato sobre corrupción infantil. Aquí se trata de transitar un doble descubrimiento: el que experimenta la protagonista y el que ensaya el público.

Dicho de otro modo, así como Ruoma se asoma a una realidad que excede los límites de su hogar y de su aldea, los espectadores nos internamos en un rincón del mundo alejado de los embates globalizadores; asistimos a ritos de la tradición hani; quedamos maravillados ante los paisajes de una geografía hasta ahora inaccesible. 

Por un lado, caemos rendidos ante una fotografía magnífica, responsable de convertir a los típicos arrozales chinos en una suerte de Edén contemporáneo. Por el otro, nos conmueve el desempeño de Li Min, actriz capaz de transmitir la candidez y bonhomía de un personaje absolutamente creíble y querible.

Decididamente el director Jiarui Zhang se luce con su ópera prima. Por lo pronto, logra algo a esta altura inusual: que muchos espectadores volvamos a creer en las fábulas y en su sobrecogedor encanto.