Los celos

Celos, de Nicholas WolfsonEl plural de la palabra «celos» siempre me llamó la atención; después de todo el término define a un solo sentimiento. Claro que, pensándolo bien, estamos hablando de un cóctel de sensaciones que incluye dolor, pena, frustración, impotencia, amargura, cólera. Claro que el celoso suele sentirse sorprendido, invadido, avasallado, humillado por un ejército de sombrías sospechas y dramáticas elucubraciones. 

También es cierto que los celos tienen dos caras: la del amor, y la del odio. Además involucran a más de una persona: al celoso, al celado y al/los tercero/s en discordia. 

Evidentemente el plural le sienta bien a un sentimiento con tanta presencia y de tanto alcance. Cuando aparecen, lossss celossss nos someten, nos dominan, nos ordenan. Nos inyectan incertidumbre y desazón. Nos amenazan con la proximidad de un final que tememos y rechazamos.

Así, con su inmensa e inevitable pluralidad, los celos ocupan toda la escena. Fíjense sino en los siguientes versos del poeta chileno Armando Uribe Arce, publicado ayer sábado por la revista Ñ

No te amo, amo los celos que te tengo
No te amo, amo los celos que te tengo,
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo
hidrófobo de ti me ahogo en vino.

No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único tuyo que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos de odio
te ladraré porque no vienes.