Connie and Carla

Connie and CarlaConnie and Carla (Una loca identidad según cierta traducción) es una comedia pasatista con tres puntos a favor: las actuaciones de Toni Collette y Nia Vardalos, el tributo al music hall, y un guión capaz de proponer una comedia sobre travestismo sin recurrir a la burla ni al estereotipo vulgar. Un verdadero cúmulo de virtudes que compensa la innecesaria decisión de insistir (tantas veces) en la importancia de asumirnos tal cual somos.

En Hollywood escasean las mujeres carnales como Toni y Nia. Cuando digo «carnales», me refiero a espontáneas, imperfectas, humanas, antítesis de las Barbies de celuloide. Justamente en esa condición radican su carisma y versatilidad cuando se trata de interpretar a señor(it)as con fortalezas y debilidades parecidas a las de sus espectadoras.

En este caso, se trata de dos amigas que sufren una triple discriminación. Primero, porque pertenecen al siempre cuestionado y subestimado sexo débil. Segundo, porque son cantantes de cabaret. Tercero, porque, para escapar de unos narcotraficantes de poca monta, eligen disfrazarse de drag queens.

Tenemos entonces una triple discriminación y un travestismo por partida doble, elementos que conforman un caldo de cultivo ideal para darle vida a una comedia de enredos basada en un particular juego de apariencias.

Si a esto le sumamos números de canto y baile que recrean los hits más recordados de musicales como Cabaret o A chorus line, y que reivindican a estrellas como Debbie Reynolds (su breve participación resulta una sorpresa más que agradable), cartón lleno: Toni y Nia brillan a todas luces, y Connie y Carla se convierten en protagonistas de una historia entretenida, disfrutable, y por lo tanto merecidamente recomendable.