Feminismo avant la lettre

Mañana 8 de marzo es el Día de la Mujer, conmemoración arbitraria como cualquier otra, pero que en definitiva no podemos ignorar. Tanto se ha escrito sobre el llamado «sexo débil», sobre discriminación y explotación, sobre misoginia, sobre lucha de género que cuesta encontrar algo medianamente original para aportar. Por eso, dada la abundancia y redundancia de homenajes e informes alusivos, pocas cosas tan refrescantes como el humor. En este caso, una breve demostración de feminismo avant la lettre. 😉
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El verdadero origen de EvaMientras pasea entre melancólica y aburrida por los jardines del Edén, Eva se lamenta: «Este paisaje es tan hermoso y, sin embargo, la soledad me impide disfrutarlo plenamente… Veo en cambio a las otras criaturas que, felices, comparten su existencia con una pareja: la mona con el mono; la yegua con el caballo; la perra con el perro… Dios, por favor, bendíceme con un compañero».

Tras escuchar atentamente las palabras de la joven mujer, Dios le contesta: «Eva, tú eres mi obra de arte, mi creación más acabada, la prueba fehaciente de mi perfección. Me temo que no podré repetir un trabajo tan exitoso».

«No importa -insiste ella- me conformo con alguien que al menos se me parezca. No pretendo mucho más…».

Sensible a esta dramática petición, Dios reflexiona un momento y anuncia: «Está bien… He decidido darle vida a una nueva criatura… Se llamará ‘hombre’ y, como te lo advertí, no será tan perfecto como tú. Su cuerpo, levemente distinto del tuyo, no podrá engendrar vida en sus entrañas, y su mente tendrá serias limitaciones».

Dios también le adelanta a Eva que el hombre será muy egocéntrico y vanidoso. Por eso, y para no herir susceptibilidades, habrá que tergiversar un poco los hechos. «Si estás de acuerdo –agrega– le diremos que primero lo creé a él y que, luego, de una de sus costillas, surgiste tú».

Sin importarle esta condición, la joven mujer acepta ilusionada la propuesta. Y, para confirmar su compromiso con Dios, promete: «no te preocupes: a partir de ahora, mis labios quedarán sellados. El hombre nunca se enterará de su verdadero origen».

«Muy bien -concluye Dios- de esto no volveremos a hablar. De ahora en más éste es un secreto inquebrantable, que ninguna de las dos revelará jamás».