La reina

La reinaAsí como El arco sirvió de excusa para declarar mi admiración incondicional por Kim Ki Duk, La reina se convierte en la nueva referencia para alabar una vez más a Helen Mirren. De hecho, la película de Stephen Frears permite que la actriz británica luzca toda su versatilidad como la Isabel II de Inglaterra que muchos alguna vez imaginamos pero que pocos se atrevieron a retratar.

¿Qué habría sido de este proyecto sin la participación de quien se hiciera famosa gracias a la detective Tennison? ¿A alguien le habría interesado conocer los entretelones palaciegos de la absurda muerte de Lady Di, diez años después del fatídico accidente automovilístico?

A esta altura, el solo recuerdo de Diana Spencer habría resultado insuficiente para acaparar la atención de inversores, productores y espectadores. De ahí la necesidad de conseguir el «sí» de Mirren, cuya trayectoria no sólo incluye papeles de todo tipo -grandes y pequeños– sino (¡bingo!) un aclamado y galardonado antecedente monárquico.
       
Es cierto. También hay que reconocerle a Frears su calidad habitual para filmar cualquier propuesta: desde la más contemporánea y anodina (por ejemplo, Alta fidelidad) hasta una más compleja, refinada y de época (la excelente y siempre vigente Relaciones peligrosas).

Por otra parte, cabe mencionar que Michael Sheen, Alex Jennings, James Cromwell y Sylvia Syms son igualmente notables a la hora de encarnar al Primer Ministro Tony Blair, los Príncipes Carlos y Felipe, y la Reina Madre respectivamente. Y que la reconstrucción de aquella trágica semana de agosto de 1997 está lograda con lujo de detalles.

Sin ser un gran título, La reina es una película que merece ser vista por su prolijidad, por su valor testimonial (aún a la distancia, impresiona asistir a un suceso tan impactante como la reacción del pueblo inglés ante la inesperada muerte de «su» princesa) y -queda claro- por el desempeño de la siempre extraordinaria Helen, una verdadera Alteza del Séptimo Arte.