Una buena chica

Una buena chicaUna buena chica hace gala de unos cuantos méritos. El primero, y a mi juicio más importante, es su capacidad para distinguirse de la factoría Hollywood. Contrariamente a lo que podríamos suponer, este film protagonizado por Jennifer Aniston se permite prescindir de estereotipos y hasta del (¿esperado?) happy end.

En principio, la película de Miguel Arteta cuenta una historia anodina: la de una chica de pueblo, insatisfecha con su matrimonio, con su trabajo, con su vida en general. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. En definitiva, el cine y la literatura ya poseen un amplio abanico de personajes disconformes, aferrados a expectativas que nunca se cumplen.

El toque particular de esta propuesta radica en la evolución de su protagonista, en su manera de enfrentar la oportunidad de cambio. Y justamente en este punto, cabe mencionar el segundo mérito de este largometraje: el guión. De hecho, el autor Mike White propone un interesante retrato de esta joven mujer que -escudada detrás del qué dirán-, termina congraciándose con el entorno que tanto la exaspera.

Aquí ningún actor desentona. Jake Gyllenhaal cautiva con su Holden, otro joven decepcionado aunque más corajudo (y alocado) que la protagonista. John C. Reilly enternece como el marido ajeno a las idas y vueltas de su esposa. Por su parte, Deborah Rush, Tim Blake Nelson, John Carroll Lynch, Zooey Deschanel y el mismo White ayudan a recrear la atmósfera cerrada, agobiante que hace honor al conocido refrán “pueblo chico, infierno grande”.

Sin dudas, Aniston es quien más se destaca… en parte por ser la figura central de la película, en parte por saber despegarse de su exitosa Rachel, y en parte también por hacer un trabajo convincente. Después de todo, no podría ser de otra manera: ella sí es una buena chica. 😉