El NO fácil

El No a secas, aplicado a la politicaEl No difícil de los latinoamericanos tiene su contracara excepcional en el No fácil de los argentinos, aplicado a la militancia política. De hecho, según una encuesta realizada por la organización Latinobarómetro, y cuyos resultados el diario La Voz del Interior difundió ayer, quienes habitamos estas tierras somos los que menos trabajamos para un partido político o para un candidato; los que con menos frecuencia tratamos de convencer políticamente; y algunos de los que menos hablamos de política con nuestros amigos.

Para ser más precisos, sólo el 4% de los compatriotas encuestados milita en algún partido político, y en el mejor de los casos un 8% considera efectivo integrar movimientos de protesta (habría que preguntarse si, además de «considerarlo», estas personas efectivamente «actúan» en consecuencia).

Sin dudas, sería interesante conocer las razones de esta tendencia, sobre todo porque -esto no lo dice el estudio de Latinobarómetro sino que es una afirmación personal- los argentinos (¿quizás deba limitarme a los porteños?) somos profesionales de la queja. Me refiero a esa infructuosa actitud plañidera que apunta especialmente contra «el Estado», «el Gobierno», «la sociedad», «la gente», «el país», todas entelequias propias de latiguillos repetidos hasta el hartazgo y sin ninguna repercusión práctica.

Da la sensación de que para la gran mayoría celeste y blanca los derechos ciudadanos se limitan a votar cuando nos lo permiten, y a golpear alguna cacerola cuando nos tocan el bolsillo (o mejor dicho, la cuenta de un banco). En cambio, cuando se trata de movilizarse, la parálisis nos invade. Bien lo sabemos quienes asistimos a alguna marcha para acompañar a las Madres de Plaza de Mayo, para repudiar el atentado a la AMIA, para reclamar justicia por Maxi y Darío, para sostener a los familiares de Cromagnon, para protestar contra el gatillo fácil o para exigir la aparición con vida de Julio López.

Probablemente la indiferencia política sea un fenómeno a esta altura mundial pero, tal como lo indica el estudio de Latinobarómetro, aquí el alcance es mucho mayor. Serán los resabios de la última dictadura; será la impronta de una clase media históricamente abúlica e influenciable (oh casualidad, Argentina es uno de los países latinoamericanos donde la pequeña burguesía todavía subsiste). Será un problema básico de (falta de) educación ciudadana.

Lo cierto es que la palabra «militancia» sigue teniendo una connotación negativa, ya sea por escepticismo, por miedo, por rechazo. Así, la dificultad de decir «No» se desvanece cuando de participación política se trata. Así pasan los años, y nuestra sociedad sigue librada a Gobiernos personalistas, caudillistas, cuando no totalitarios, y entregada a la queja eterna, suerte de absurda, improductiva y arcaica letanía.