El arco

El arcoListo. Ya está. Después de ver El arco, declaro públicamente mi admiración incondicional por Kim Ki Duk. De hecho, esta película representa el corolario de una fervorosa relación que empezó a gestarse a partir de Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera, y que creció con Hierro-3. Ahora la historia de amor entre un viejo pescador y una niña de 16 años termina de confirmar la existencia de un vínculo cinematográfico tan pasional como indeleble.   

Una vez más, el realizador coreano hace gala de su inconmensurable talento. Talento como cineasta. Talento como cuentista.

De hecho, Kim Ki Duk no sólo filma de modo extraordinario, con arte, con un sabio manejo de la fotografía, del silencio, de sus actores, de una banda sonora conmovedora. También tiene la capacidad de inventar -o de rescatar, quién sabe- relatos originales, nunca antes vistos/escuchados, imposibles de anticipar (tampoco de imitar).

Me pregunto si será una sensación exclusivamente personal, o en cambio compartida con otros espectadores. Lo cierto es que, aún cuando avanza por una cornisa de sometimiento y violencia latentes, El arco despliega, transmite una sensualidad y además una paz inauditas.

Será porque el guionista/director nos salva de la verborragia a la que estamos acostumbrados, y entonces podemos concentrarnos -por no decir «sumergirnos»- en miradas, gestos, colores, texturas, movimientos. Será porque la violencia no es brutal, mucho menos gratuita, sino la contracara de una espiritualidad igualmente presente y magnética.

Como de costumbre, Kim Ki Duk hace gala de un mérito que va más allá de lo estrictamente estético: la prescindencia de cualquier juicio de valor que pudiera distorsionar, opacar, arruinar la fábula narrada.

Al contrario, El arco transcurre, seduce y envuelve sin ninguna pretensión aleccionadora, mucho menos edificante. Magia, belleza, erotismo sin el pesado anclaje de la moraleja/moralidad: cómo no quedar subyugados ante semejante encanto; cómo no agitar la bandera de la incondicionalidad.