La punta de la lengua

C de Cine, en la punta de la lengua«¿Viste la película ésta?… Ay, la del director que ganó un Oscar por aquel otro éxito de taquilla… Ejem… Bueno, no importa. Vuelvo a la primera película, la que dirigió este norteamericano, niño mimado de Hollywood. Pero dale, vos sabés. La estrenaron hace poco. Esta comedia protagonizada por… ehhhh… esta actriz en ascenso. La rubia de boca sensual, la ex pareja del buenmozón inglés que casualmente trabajó en… mmmm… en oootra película que también se me escapa«.

No hay vuelta que darle. Una vez superada la barrera de los 30, nuestros recuerdos cinematográficos se trasladan. Abandonan el entramado cerebral para alojarse en la punta de lengua. Por alguna razón, títulos y nombres propios prefieren el acotado, húmedo y resbaladizo terreno peninsular-gustativo al extenso campo abonado por la memoria laboriosa.

En ocasiones la migración parece irreversible. Pero a no desesperar. Aunque aparentemente perdidos, los datos saben desandar el camino, regresar a la llanura mnémica y revelarse frescos, intactos, disponibles. Es cuestión de tenerles paciencia, de guiarlos con perseverancia y concentración.

Vale la pena el esfuerzo. Después de todo, nadie quiere que la punta de la lengua se convierta en destino último y final de nuestra experiencia cinéfila.