Convocatoria ecológica (otra)

A tono con el apagón de ayer por la crisis climática, Espectadores se permite lanzar su propia convocatoria ecológica, esta vez en función de otro tema igualmente acuciante: la cada vez más insuficiente provisión de agua potable.

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Dejemos de derrochar aguaSegún datos difundidos en 2005 por los promotores de la película Sed, invasión gota a gota, «sólo el tres por ciento de toda el agua del mundo es dulce y está en proceso de pérdida. La contaminación, el uso indiscriminado, y las estrategias de saqueo del recurso son los responsables de que tres millones de niños, por año, mueran de sed». Dada esta realidad, resulta indignante asistir al rito del lavado de veredas en Buenos Aires, y probablemente en otras ciudades de nuestro país.

Cada mañana, los porteros de los edificios situados en los barrios más acomodados de la Argentina sacan a relucir sus mangueras, y «barren» las baldosas con un potente chorro. Nada de baldear para luego pasar una escoba. No, no. La práctica consiste en abrir bien la canilla y con el agua empujar cada paquete vacío de cigarrillos, cada papel de golosina, cada hoja perdida, cada rama arrancada, hasta que caigan a la calle.

Habría que calcular los litros y litros utilizados para tal fin. Bastaría con medir el agua derrochada por un solo encargado y después multiplicar la cifra por el tiempo que dura el «riego» y por la cantidad de personas que cumplen con la mencionada rutina. Si multiplicáramos el resultado final por 365, obtendríamos un total anual aproximado y la constatación de un derroche imperdonable.     

La convocatoria es entonces muy sencilla: pedirles a quienes limpian las veredas que retomen la sana costumbre del balde y la escoba. Más aún, que los días de lluvia en lugar de abrir la canilla aprovechen el agua caída del cielo.

A veces un pequeño cambio de hábito puede ayudar a mejorar algo en el mundo. Por ejemplo, en este caso, a ampliar el derecho a ese tres por ciento tan excepcional, y sobre todo vital.