Son de fierro

Son de fierroSegún dicen, es «el programa más visto de la tele». La «tele» se circunscribe a nuestra televisión argentina y el «dicen»… bueno, el «dicen» corrresponde a los números del rating, a los sondeos de audiencia, a la promoción mediática. En ningún momento estas voces se refieren a la calidad del programa; tampoco transcriben la opinión de algún televidente. No importa, su influencia alcanza para sostener que efectivamente Son de fierro domina la «pantalla del verano». La pregunta es ¿a qué precio?

Heredera de la franja horaria ocupada por Sos mi vida, la nueva tira diaria de Canal 13 busca conservar el éxito obtenido por su antecesora. Quizás con ese objetivo en mente el omnipresente Adrián Suar haya decidido lanzar oootra telenovela urbana de tono costumbrista.

Cada uno en su momento. Gasoleros recurrió a taxistas y colectiveros para contar su(s) historia(s); Campeones les dio protagonismo a los recolectores de basura; Son amores apeló a los clubes de fútbol de la primera B; y ahora Son de fierro retrata a una familia cuyo sostén es un carnicero/verdulero con nombre arraigadamente legendario.

La clase media argentina tiene un nuevo espejo donde mirarse. Otra vez asiste a un espectro de extracciones sociales convenientemente edulcorado: desde la clase media-baja (pensemos en el Ezequiel de Favio Posca) hasta el medio pelo venido a menos (la madre y la hermana de Lucía/María Valenzuela), pasando por la burguesía acomodada, en este caso representada por un funcionario público (el José María Fontana de Mario Pasik).

El problema es que este espejo arroja imágenes repetidas, trilladas, sobreactuadas. Para empezar, la cortina compuesta por Alejandro Lerner y el reencuentro entre Osvaldo Laport y Mariano Martínez nos retrotraen irremediablemente a la mencionada Campeones. En segundo lugar, la inclusión de un personaje ciego, lindo, inteligente ¡y docente! es un truco gastado (si lo sabrán los seguidores de La familia Ingalls). Por último, el elenco se destaca por sus alaridos antes que por su talento interpretativo.

Contrariamente a lo ocurrido con Sos mi vida, Son de fierro parece cerrado a la posibilidad de que los personajes secundarios crezcan y sorprendan. Primero, porque los roles principales ocupan demasiado espacio; segundo porque sólo Posca posee la creatividad y ductilidad necesarias para reinventarse.   

Quizás por eso los seguidores de la serie prefieran concentrarse en la aparición de los «ídolos» Laport y Martínez. Quizás por eso los artículos sobre el rating de verano sigan sin referirse a la calidad del programa y/o a la opinión de los televidentes.