La noche del Sr. Lazarescu

La noche del Sr. LazarescuDe origen rumano, La noche del Sr. Lazarescu bien podría ambientarse en la Argentina. Después de todo, nosotros también dependemos de un sistema de salud deficitario, con médicos convertidos en simples técnicos burócratas totalmente indiferentes al padecimiento de sus pacientes. Tal vez por eso el film de Cristi Puiu conmueva a quienes fuimos/somos víctimas del sinsentido, la ineficiencia, la irresponsabilidad, la vacuidad, el maltrato de los servicios hospitalarios públicos y privados.

Quizás el estado de la medicina actual haya dejado de ser una cuestión regional, y en cambio afecte en mayor o menor medida a todos los países. De ser así, con más razón resulta imposible no sentirse identificado con el drama de este Lázaro que evidentemente no tendrá la suerte de levantarse y andar.

Al principio esta ficción con aspecto de documental nos introduce en el pequeño mundo de su protagonista, un viudo de 62 años cuya única compañía son tres gatos que recogió de la calle. Desde el vamos, el actor Ion Fiscuteanu se adueña de la escena y nos cautiva con una composición magistral, emotiva hasta las lágrimas.

Con el correr del tiempo, aparece el resto del elenco, sin dudas a la altura de las circunstancias. Tanto que por momentos uno cree asistir a una suerte de reality show que, de manera implacable, sin concesiones, muestra los entretelones de una internación improvisada, dilatada, ignorada, truncada.

Algunos espectadores desprevenidos encontrarán que el guión escrito por Puiu y Razvan Radulescu recurre a un humor ácido, cuando no negro. En cambio, quienes hayan experimentado la pesadilla que significa quedar a merced de un aparato sanitario tan arbitrario como perverso y obsoleto sabrán que La noche del Sr. Lazarescu es en realidad la crónica de una muerte anunciada.

Para este público, el relato excluirá cualquier rasgo de comicidad. Al contrario, se caracterizará por su capacidad para recrear uno de los submundos más dolorosos de una realidad tristemente compartida.