Constantine

ConstantinePara algunos, fin de año es sinónimo de fin del mundo, o por lo menos de contundente amenaza apocalíptica. Tal vez quienes despierten hoy 1° de enero y lamenten ver todo irremediablemente igual encuentren consuelo en Constantine, largometraje que -además de involucrarnos en la eterna lucha entre el Bien y el Mal- coquetea con la idea latente del Juicio Final.

Inspirada en el comic Hellblazer de Jamie Delano y John Ridgway, la película de Francis Lawrence nos enfrenta a los demonios que no podemos/queremos ver, y que sin embargo están ahí, a la vuelta de la esquina, ante nuestros ojos o, peor aún, en nuestro interior.

Probablemente la experiencia en el arte del videoclip haya incitado al director a montar un infierno reconocible por su estética, en este caso, por un marcado estilo gótico en general asociado con el submundo de vampiros y zombies. Así, la monstruosidad del averno es explícitamente visual: siempre exhibe y expone; nunca sugiere.

En medio de tantos faunos alados con olor a azufre, John Constantine actúa como un exorcista sui generis, con un perfil opuesto al del típico sacerdote comprometido con su fe. Fumador empedernido, el protagonista cometió el peor de los pecados; de ahí que en el fondo luche menos por la salvación de la humanidad que por su propia redención.

Fiel al espíritu dark de este tipo de historietas, el film destila un escepticismo que cuestiona a la mismísima misericordia divina. De no ser por un final que restituye cierto equilibrio cósmico, podríamos pensar que aquí en la Tierra las fuerzas malignas superan ampliamente a las huestes de ángeles guardianes.

Sin dudas, esta coproducción germano-estadounidense resulta entretenida e incluso interesante desde una perspectiva teológica. Su punto más fuerte, los efectos especiales. Su debilidad más notoria, las redundancias del guión. Entre uno y otro extremo, Keanu Reeves y Rachel Weisz ofrecen una actuación irregular, por momentos a la altura de la parafernalia desplegada, por momentos diluida en la innecesaria verborragia de algunos parlamentos.

No obstante, al margen de los reparos, Constantine es una propuesta que se deja ver. Una puerta abierta a la imaginación y, porqué no, a una reflexión sobre las dos caras -celestial e infernal- de nuestra existencia.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

One thought on “Constantine

¿Con ganas de opinar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s