El balance de rigor

Balance anual, antes de las 12Llega fin de año, y suele surgir la imperiosa necesidad de hacer el balance de rigor: lo mejor y lo peor; los avances y retrocesos; los logros y asignaturas pendientes; los hallazgos y desencuentros. En esta época, el colador del tiempo parece dejarnos un puñado de acontecimientos convertidos en recuerdos dulces, amargos, insípidos.

Espectadores no podía quedar excluido del rito. De ahí esta (absolutamente caprichosa) selección de posts que pretende ilustrar un 2006 tamizado por ocho meses de vida online.
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Los estrenos cinematográficos arrojan un título favorito sin parangón, una megaproducción gratamente sorprendente, un regreso tan esperado como conmovedor, una verdad tan silenciada como molesta, un paraíso tan improbable como cuestionado, una gran desilusión y una gran indigestión.

En cuanto a DVDs, las categorías también se encuentran bien definidas. Tenemos otro favorito, esta vez ignorado por el circuito de salas comerciales. Tenemos la propuesta más conmovedora, la más revulsiva, la más intragable. ¡Ah! Y por si fuera poco tenemos un gran chasco

En términos literarios, la selección parte de una base mucho más personal. Por eso me permito hablar de «libro de cabecera» y de un tardío «descubrimiento«. Por eso también me remito al título más visceral y al más entrañable, a «la» historieta por excelencia, a los versos más sentidos
 
Por su parte, la experiencia teatral produce un catálogo muy simple, que consta de dos páginas. Por un lado, está la obra más impactante. Por el otro, figura el trío inolvidable: uno, dos, tres.

En materia televisiva, resulta imposible no hablar de la mejor producción, en este caso una miniserie británica, y de un programa preferido, igualmente british. Y tampoco podemos pasar por alto la propuesta más indigesta y la más nefasta, ambas pertencientes a un género criticado hasta el hartazgo.

Por último, qué decir de tantas cosas vistas y oídas… Hay espacio para el recuerdo más nostálgico, para la comparación más polémica, para la foto más dolorosa, para la reacción más inmediata, para el homenaje más personal, para el miedo más profundo, para el último deseo de Nochebuena.

Así termina el recorrido. Así Espectadores se despide de 2006. Además del balance de rigor, es hora del saludo tradicional. Por eso…

¡Feliz año para todos! Por un 2007 que renueve las intenciones de este blog y las ganas de quienes escuchamos, leemos, observamos.