Niños del hombre

Niños del hombreSerá por el cansancio de fin de año, o porque los elogios unánimes me resultan contraproducentes, o porque mi gusto cinematográfico se aleja cada vez más de los éxitos de taquilla. Especulaciones aparte, lo cierto es que Niños del hombre se suma a la lista de estrenos esperados, promocionados, alabados que no sé valorar ni disfrutar. Así, un poco como Nacido y criado, Los infiltrados y El gran truco, la película de Alfonso Cuarón me deja con la amarga sensación de que ya no estoy para ciertos trotes.

La escritora Phyllis Dorothy James escribió The Children of Men en 1992 y la ambientó en 2001. Nueve años de proyección suenan a poco, al menos desde una perspectiva futurista tradicional. Tal vez por eso los guionistas de la adaptación cinematográfica hayan decidido ampliar el margen a dos décadas, y así proponer una distancia entre presente y porvenir algo más alentadora.

Acaso el cineasta mexicano haya hecho otras concesiones. Tengo mis serias sospechas al respecto, sobre todo cuando pienso en el final abierto, «casi» feliz (por lo menos optimista), y en el protagonismo otorgado a una mujer de color, marginal, «fugi» de acuerdo con la propia terminología del film.

Por momentos, da la sensación de que Cuarón busca la incondicionalidad de su público. De ahí, las eventuales concesiones. De ahí, la apelación a un toque místico que en plena época navideña le ablanda el corazón a cualquiera (me refiero, por ejemplo, a la escena donde soldados armados hasta los dientes se santiguan ante el paso de un hombre, una mujer y un niño recién nacido).

Cómo no emocionarnos ante ésas y otras imágenes que revelan nuestro costado piadoso, humanitario. Cómo no comprometernos afectivamente con un protagonista desolado por la muerte de su hijo, o con un viejo aún enamorado de su esposa minusválida. Cómo no sucumbir ante una joven cuyo embarazo es milagroso. Cómo no aferrarnos a una tabla de salvación cuando se nos coloca al borde de una apocalíptica extinción.

Nobleza obliga, al largometraje hay que reconocerle la intervención de cámaras muy diestras, capaces de recrear el vértigo de una fuga marcha atrás, la sordidez de un campo de refugiados, la ferocidad del terrorismo de Estado, la intimidad de un parto. También cabe mencionar la atinada elección de una banda sonora acorde a un mensaje pacifista, concientizador.

Para muchos, una propuesta imperdible. Para algunos, el mejor film de 2006. Sin dudas, Niños del hombre hace gala de una forma prácticamente irreprochable. Tal vez ésta sea una buena ocasión para discutir su contenido.