Los detentores de la razón

Diario vespertino, de circulación gratuitaMe llama poderosamente la atención el comportamiento de muchos lectores de La Razón, periódico vespertino que se distribuye gratuitamente en algunas estaciones de trenes y subtes de la ciudad de Buenos Aires. Juego de palabras mediante, el fenómeno permite sacar conclusiones por lo menos inquietantes.

Es que quienes tienen acceso (permitido) a La Razón suelen buscarla, esperarla, acapararla, detentarla, revisarla, traerla, llevarla, guardarla, usarla según les convenga. Sin embargo, son muy pocos quienes la comparten, la ceden, la regalan.

Por algún motivo, gente con trabajo, con hogar, con estabilidad económica, con acceso a distintos medios informativos se niega sistemáticamente a darles La Razón a personas desempleadas y sin techo, que transitan andenes y vagones en busca de los papeles y cartones necesarios para subsistir. Es como si, en nombre de un acendrado sentido de la propiedad, los pasajeros/lectores se aferraran a algo que ni siquiera compraron -mucho menos produjeron- pero que igual sienten que les pertenece.

Quién hubiera imaginado que la relación con un diario pudiera ser tan elocuente, ¿no? Fenómeno sin dudas revelador de una conducta que, vaya paradoja, se encuentra bastante lejos de ser «razonable».