En busca de Ricardo III

Hablando de la obra shakespeariana… 
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En busca de Ricardo IIIObsesionado por Ricardo III de William Shakespeare, en 1996 Al Pacino se jugó el todo por el todo e impulsó una original versión cinematográfica a modo de análisis literario, de reflexión. Así, además de productor, hizo las veces de guionista (junto a Frederic Kimball), de director y de actor. Por si esto fuera poco, no sólo encarnó al personaje principal; también participó como narrador/entrevistador. De esta manera supo rendirles un sentido homenaje no sólo al célebre dramatrugo británico sino al mundo del teatro. 

Quizás esta vez la actuación haya sido la actividad más “sencilla”. Imaginen en cambio lo engorroso de escribir un guión que combine los ensayos y la interpretación de una pieza teatral con un sinnúmero de reportajes realizados a actores, a especialistas académicos, y a meros transeúntes de las calles neoyorkinas y londinenses. Ni hablar del emprendimiento de dirigir tamaño proyecto con aristas tan complejas y disímiles.

El esfuerzo da sus merecidos frutos. Por lo pronto, la mezcla entre ficción y documental abre paso a una lección magistral sobre Ricardo III, sobre los personajes implicados, sobre el contexto político de la obra, sobre su vigencia en la actualidad. Que conste: no por eso estamos ante una clase pesada o aburrida. Al contrario, se trata de un trabajo rico en interpretaciones, apasionado hasta la médula, hecho con el alma.

El amor por Shakespeare, por su trabajo, por la dramaturgia lo impregna todo (como prueba, basta con verle la cara a Pacino cuando llega al mítico Teatro del Globo) y es contagioso. Hasta dan ganas de presenciar y participar en el debate entre director y actores sobre lo que les sucede a los personajes o lo que representan las distinas escenas.

Por todo esto, diez años después de su realización, En busca de Ricardo III mantiene su vigencia e interés. Vaya tributo al insuperable Sir William.