Palmas Académicas

Palmas Académicas. Condecoración.Cuando cumplió seis años, su abuelo carpintero le preparó un pizarrón y un puntero a medida. El regalo incluyó el borrador y las tizas de rigor. Vestidas para la ocasión, las muñecas hicieron las veces de alumnas y alguna amiga desprevenida, de directora.

Desde entonces, lo suyo fue profunda, visceralmente vocacional. Será por eso que a los 18, recién egresada de la Escuela Normal de Resistencia, ya hacía suplencias en localidades perdidas del interior chaqueño. Será por eso que la docencia siempre fue/es centro de sus charlas más apasionadas.

Con el tiempo, el destino la llevó por distintos establecimientos rosarinos y porteños hasta que en 1971 amarró anclas en el colegio de sus amores. Allí hizo algo más que enseñar francés: trabajó incansablemente para poner en marcha y aplicar los principios de bilingüismo y biculturalismo en un terreno a veces hostil, a veces indiferente.

El jueves 7 de diciembre, mi vieja fue condecorada con la Orden Oficial de las Palmas Académicas, medalla al mérito instituída en 1808 por Napoleón I para honrar a quienes de una u otra manera contribuyen a la difusión de la cultura francesa. Ante tan merecida distinción, éste es el escueto -pero muy sentido- homenaje no sólo de una hija, sino de una incondicional admiradora.