La verdad incómoda

La verdad incómodaComo sucedió con Yo Presidente, resulta difícil comentar La verdad incómoda sin hacer alusión a cuestiones que superan lo meramente cinematográfico. En este caso, el documental de Davis Guggenheim no sólo le otorga total protagonismo a un ex funcionario público de alto rango -el ex Vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore- sino que además aborda una problemática político-ecológica de alcance mundial: el calentamiento del planeta. ¿El resultado? Una película que invita a la reflexión, al debate y -porqué no también- a la (re)acción.

Desde un análisis exclusivamente cinematográfico, la propuesta es impecable. Ante todo, cabe subrayar la honestidad de un proyecto que desde el principio se presenta como el seguimiento de una campaña de alerta y difusión. Dicho de otro modo, éste no es un trabajo de investigación periodística; aquí se trata de dar a conocer las actividades emprendidas por el mencionado Gore para alertar a la ciudadanía internacional sobre un problema tan acuciante como silenciado e ignorado.

Basada en una misma conferencia que el ex Vicepresidente brinda en distintas partes del mundo, la película se destaca por una cuidada edición que combina pasajes de la charla, imágenes de noticieros, fotos personales del ex funcionario, y registros de los entretelones del evento y de otras actividades complementarias. Desde ya, la elección del material no es inocente (por ejemplo, la mayoría de las escenas muestra a un Gore concentrado en su notebook; reflejo de la soledad que lo rodea en su incomprendida batalla).

En esta instancia, uno podría exceder los límites del comentario cinéfilo y pensar en las implicancias de un documental convertido en órgano de prensa, en las diferencias entre una intención de difusión y una estrategia de propaganda. De hecho, Guggenheim no puede/quiere liberar a su film de cierta retórica proselitista (retórica proselitista típicamente norteamericana que consiste en recurrir a un discurso por momentos intimista, como cuando Gore comparte recuerdos de infancia, por momentos eminentemente nacionalista, como cuando apela al liderazgo de los Estados Unidos).

Sin embargo, especulaciones aparte, y aún cuando estuviéramos ante la nueva punta de lanza de una campaña política diseñada por los Demócratas, esta película merece toda nuestra atención. Porque señala una realidad desconocida, por haber sido censurada, distorsionada, relativizada. Porque efectivamente revela una verdad incómoda que en algún momento -ojalá sea temprano y no tarde- la humanidad entera deberá enfrentar.