Tierra de hombres

Tierra de hombresSi no fuera por el éxito de El principito, casi nadie recordaría -o peor aún, conocería- a Antoine de Saint-Exupéry. Probablemente, este aviador francés habría sido víctima de la misma nebulosa que envolvió a algunos de sus colegas (pienso en los olvidados Jean Mermoz y Henri Guillaumet). Sin embargo, este post no pretende comentar aquel libro tantas veces analizado, elogiado, recomendado (¿manoseado?), sí en cambio rescatar un escrito menos famoso del mismo piloto, Tierra de hombres.

Éste es un libro ideal para leer en la pubertad, cuando uno es fanático de las aventuras, y sueña con recorrer el mundo, visitar países exóticos, adoptar costumbres lejanas, milenarias. De hecho, sus páginas permiten revivir vuelos legendarios, realizados en avionetas rudimentarias que surcan los cielos de distintas regiones del planeta.

Pero atención: esto no es literatura fantástica. Al contrario, se trata de un texto autobiográfico donde Saint-Exupéry cuenta su experiencia como empleado de la compañía de correo Aéropostale a fines de la Segunda Guerra Mundial, y donde reflexiona acerca de la condición humana.

Aquí los héroes son de carne y hueso; son los hombres que habitan este planeta*; son quienes creen en una humanidad mancomunada más allá de las diferencias étnicas, culturales, sociales.

Años después de haber leído el libro, aún hoy recuerdo específicamente un pasaje, ése que relata la angustiante supervivencia de Saint-Exupéry en pleno desierto del Sahara. Estremece la descripción del aviador/escritor sobre los efectos del sol, la sed, la amplitud térmica, el desamparo. Conmueve su forma de narrar la llegada de los tuareg, sus salvadores.

La anécdota resume la esencia de Tierra de hombres, una obra que -sin necesidad de recurrir a aforismos ni a alegorías trilladas- subraya el costado más noble y vulnerable de la raza humana.

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* Una pequeña nota idiomática: sin ánimo de cuestionar el profesionalismo de quienes tradujeron este libro, siempre me pareció que el equivalente español exacto para Terre des hommes es Tierra de los hombres. Lo que se presenta como una diferencia mínima, casi insignificante, para mí no lo es tanto: por algún motivo, Tierra de hombres me traslada inmediatamente al far west (suena a título de una película de vaqueros); en cambio creo que la expresión Tierra de los hombres refleja mejor la idea de pertenencia a un lugar, a un ámbito, el fundamento terrenal/territorial de los seres humanos.