Personal Fest

Personal Fest ‘06Después de tres años de asistir al Personal Fest, llego a la conclusión de que el público es quien brinda el mejor espectáculo. Aclaro por las dudas: esta afirmación no pretende desmerecer el trabajo de quienes producen y organizan el evento ni el profesionalismo de las bandas convocadas. Sin embargo, al menos desde el punto de vista de alguien no fanático, el festival se destaca por un público ecléctico, diferente del que asiste a un recital convencional.

En esta oportunidad, hablo por una de las dos jornadas: la segunda. Sin embargo, el fenoméno se reproduce una y otra vez año tras año, sin importar los detalles de la programación, el estilo de los músicos invitados, el tipo de empresas que cumplen el rol de sponsors.

Aquí hay espacio para todos (todos con cierto poder adquisitivo, ¿no?): adolescentes, jóvenes y no tanto; grupos de amigos, parejas, solos y solas; incondicionales del tecno, aventureros de la música expermiental, viejos fans de míticos (el plato fuerte de la jornada; el sábado fue New Order); espectadores anónimos y célebres. El ambiente es tranquilo, por momentos desapasionado. Nada parece llamar la atención ni sorprender demasiado.

Al contrario, los concurrentes circulan, visitan stands, hablan o se envían SMS por celular, se miman, se besan, comparten una hamburguesa, una pizza, un chop suey, un cigarrillo, un porrito, pero rara vez le dedican total atención a lo que sucede en el escenario. Es como si la multiplicidad y la simultaneidad de espectáculos impidieran una actitud concentrada, la típica relación de contacto exclusivo entre el cantante y sus seguidores.

Por supuesto, existen las excepciones de rigor. Allá adelante, en el límite con las tablas se encuentran los fans más acérrimos, los que hacen pogo y bailan y corean. Los que siguen la coreografía de Leo García cuando interpreta Boy George o Morrissey. Los que festejan los comentarios excéntricos de Juana Molina. Los que gesticulan el rap de Supervielle. Los que se mueven al ritmo de Bizarre love triangle, Regret, True faith, e incluso obedecen a Bernard Sumner cuando éste les pide que retrocedan para evitar que se aplasten y lastimen.

En los Personal Fest todos somos un poco espectadores, y otro poco protagonistas. De ahí que podamos compartir el llano con los mismos músicos a quienes vimos/veremos hace/en un rato. De ahí que podamos reconocernos como parte de un show que trasciende los límites del mero recital.