Belleza (a)simétrica

Belleza (a)simétricaEl martes pasado, el diario Clarín publicó una nota del Washington Post sobre la hipótesis que explica la belleza corporal a partir de variables cuantitativas y geométricas. Según esta ponencia, el llamado “promedio dorado” y la simetría anatómica conformarían los pilares del rostro y el cuerpo perfectos. La cuestión estética sería entonces el producto de una combinación matemática -por lo tanto universal- antes que una valoración regida por parámetros subjetivos, socioculturales, históricos.

Sin ánimos de entrar en una discusión intelectual acerca de la validez de estas conclusiones, me permito contraponer la hipótesis opuesta, aquélla que sostiene que la belleza -sobre todo la belleza del otro- se nos revela justamente cuando percibimos el detalle asimétrico que convierte a ese cuerpo, a ese rostro en un ejemplar único e irrepetible.

Sabrán disculpar la falta de citas autorizadas en la materia. A lo sumo tendremos que echarle la culpa a un querido y admirado profesor de secundario que un día dedicó toda la clase a “su” teoría.

Aún hoy recuerdo la atención que adolescentes de 15 años le prestamos (no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que los docentes no solían referirse a temas tan personales, tan preocupantes, tan interesantes). Recuerdo también la pasión con la que el Sr. Daniel argumentó a favor de la distinción entre belleza y perfección, y en contra de cualquier intento de universalización y estereotipación estéticas.

A casi dos décadas de aquella anécdota, aún hoy sigo creyendo que la belleza no es sinónimo de perfección. Más allá de lo perfecto, no suele haber nada. En cambio, lo bello genera intriga, curiosidad, ensueño precisamente porque su asimetría nos incita a descubrir y a disfrutar el detalle distintivo: ese lunar sobre el labio, esas pestañas arqueadas más allá de lo debido, ese hoyuelo en la mejilla izquierda, ese mechón empecinado en acariciar la misma ceja.

Rostro asimétrico, según MiróAlgo similar sucede en la naturaleza. De hecho, entre los paisajes más hermosos, se destacan los suelos que mutan (como la arena de los desiertos), los picos que sobresalen (en la inmensidad cordillerana), los lagos que se imponen (en medio de la monocorde llanura). Nada más alejado de la planicie etérea, inmodificable que supone la perfección.

Por otra parte, tampoco es posible atribuirle una simetría generalizada al arte. Ni los cuadros de Joan Miró o Pablo Picasso, ni las esculturas de Fernando Botero, ni los pentagramas de Bach o Mozart presentan el más mínimo indicio de medidas y/o promedios exactos. Al contrario, su belleza proviene de la más absoluta asimetría, y de una exquisita, misteriosa, sugerente imperfección. 

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

11 respuestas a “Belleza (a)simétrica

  1. Esas notas que intentan dar una explicación objetiva y *definitiva* (siempre tratan de ser definitivas) de conceptos vagos como “belleza” son siempre un poco tontas 😛

    Creo que la única cosa válida en todo eso es que las asimetrías serias y las deformidades son indicadores de mala salud y parece razonable que las consideremos poco atractivas a un nivel instintivo. Digo, reproducción de la especie y todo eso. Pero esto se aplicaría sólo a las personas y no al arte, por supuesto.

    Sin filosofar tanto, estoy de acuerdo con vos. A mí me fascinan las pequeñas imperfecciones…

  2. Me parece que, a la moda de las explicaciones “definitivas” (y tontas 😛 ), se le suma la moda de las explicaciones científicas. Ahora toooodo tiene su trasfondo matemático o genético: desde las obras de arte hasta el calambre que nos despertó esta madrugada.
    Qué manera de quitarle magia y secreto a la realidad. 😦

  3. Hola Spectatrice,

    Precisamente, el primer trabajo que asumí en la maestría en Filosofía (que parece que nunca voy a terminar 🙂 fue acerca de la belleza. Estudié dos posiciones representadas por dos filósofos de la Ilustración: Denis Dicerot y Edmund Burke.

    Denis Diderot, un francés revolucionario, defendía esa noción de la belleza a la cual tú y Andrés se oponen. Para Diderot la belleza radicaba en las relaciones, en la proporción; y se dedicó a desarrollar al respecto en el segundo tomo de la Enciclopedia una introducción al tema, que posteriormente fue publicado aparte como Recherches philosophiques sur l’origine et la nature du beau. Muy buena por cierto, pero bastante ácida también.

    Edmund Burke, un irlandés conservador, opinaba que la belleza nada tenía que ver con la perfección, con la medida y la armonía de las partes con el todo. Para Burke, la belleza radicaba en aquellos entes que producían en los hombres el amor, no un amor lujurioso, sino una sensación hedonista intensa y ‘espiritual’. Y publica su libro -dos años después que el de Diderot- A Philosophical Inquiry into the Origin of our Ideas of Sublime and Beautiful. La sección dedicada a la belleza se esmera en explicar esos aspectos que han sido considerados como causa de la belleza, y Burke va rebatiendo cada uno de ellos.

    El tema es indudablemente muy interesante, y dudo que pueda llegarse a un acuerdo al respecto, sobre todo porque se ha venido debatiendo desde la Antigüedad sin éxito. Para mí, hay algo de cierto en ambas posiciones; yo pienso que hay nociones como la simetría -por ejemplo- sí tienen su papel en la formación de la belleza, pero no es la única. Esas pequeñas imperfecciones de las que tú hablas, también definen la ‘personalidad’ de un rostro y son ciertamente las que nos enloquecen y nos inspiran ese ‘amor’ del que hablaba Burke.

    Posiblemente estoy diciendo una pila de zandeces, pero creo que algo como la belleza es inexplicable del todo y bien puede sumarse a esas nociones que al tratar de describirse, nos dejan en la boca un sabor a ‘je ne sais quoi’.

  4. ¡Nada de sandeces, pati @-;– -! Al contrario, es muy interesante el marco teórico que le das al asunto, y evidentemente el tema corre el riesgo de convertirse en una discusión bizantina. Justamente por eso se me ocurrió incluir en el título el juego del paréntesis, porque la cuestión (a)simétrica de la belleza varía en función de los distintos enfoques teóricos y de las perspectivas subjetivas.

    Estoy más o menos familiarizada con la obra de Diderot, y siempre me llamó la atención que un espíritu revolucionario defendiera tanto las nociones de armonía y proporción. Probablemente por cierto apriori, uno tiene tendencia a imaginar que el revolucionario suele ver todo a través del quiebre, de la ruputura.

    En cuanto a Burke, sólo oí nombrarlo. Así que muchas gracias por el pantallazo. En este caso particular, es bueno agregarle un soporte teórico a algo en lo que uno cree casi por instinto. 😉

  5. pati:

    Muy interesante tu opinión. Es obvio que el tema de la belleza, como muchos otros, es un tema complejo y debatible, y no creo que se llegue a una noción definitiva de un día para el otro (ni creo que deba llegarse, tampoco… digo, no es un “problema” que haya que resolver). No niego que las proporciones jueguen su papel; de hecho, las imperfecciones que mencionamos son un tipo de anti-proporción.

    Creo que lo que más me irrita de este tipo de artículos de los diarios es el tono: “Ahora los científicos dicen que la belleza es… blah blah”. Clarín, diario detestable y superficial si los hay, es especialmente propenso a ese tipo de titulares.

  6. Sí, Spectatrice, había notado el juego y me pareció bien interesante, además. No me asombra que conocieses la obra de Diderot, porque tu conocimiento de la cultura francesa se ha colado en varias entradas que has escrito. Me gusta mucho por cierto el alcance que tiene esta discusión que has planteado, tanto por tu invitación, como por los aportes de Andrés.

    Al igual que a ti no deja de sorprenderme (y de inquietarme) esa fascinación de Diderot por lo clásico y las inclinaciones de Burke por lo romántico. Le comentaba a José sobre esta entrada y me dijo un par de cosas:

    – que cuando la leyó se dijo a sí mismo: “¡Ay Dios!” Como adelantándose a mi reacción (es que me apasiona el tema).

    – el contraste de Edgar Allan Poe, cuya actitud ante la vida no podía ser más opuesta a su manera de estructurar la poesía ¿recuerdas como se esmera en explicar casi matemáticamente cómo construyó El Cuervo? por un lado; y los griegos, padres del pensamiento clásico y llevados por las musas, por otro.

    He vuelto un desastre lo que él me dijo, pero creo que se entiende la idea. Estas contradicciones ¿serán una manera de equilibrar nuestras obras y pensamientos?

    Volviendo a las imperfecciones. Me causa un poco de gracia recordar que en las oportunidades que he dado clases de dibujo, primero me esmero en explicarle a mis alumnos las nociones de la proporción en el rostro -por ejemplo- que si dividir en rostro en tres partes iguales (la frente, la nariz y la barbilla)… que si la alineación de las comisuras de la boca con el centro del iris… y demás; para luego explicarles que eso de nada sirve para lograr el parecido, porque hay personas como yo, cuya barbilla es mucho más larga que la nariz y la frente y, obviamente, quien se guíe por estas proporciones no haría más que emular a los artistas griegos que se apegaban a cánones platónicos. Son esas peculiaridades las que hacen un retrato reconocible.

    Desde muy jóvenes a José y a mí nos fascinó la obra de los hermanos Van Eyck, porque ellos se detenían en estas imperfecciones que solían ser obviadas en las representaciones renacentistas. Supongo que uno de los primeros retratos de un hombre con acné fue realizado por ellos y eso lo hace indudablemente más humano y familiar.

    Me ha encantado, por cierto, lo que Andrés ha calificado como ‘anti-proporción’. Y sip, tienes razón, Andrés, es el tono amarillista lo que más molesta de este tipo de ‘revelaciones’ de papel.

    Bueh… perdón por extenderme tanto… sólo me queda excusarme por escribir sancedes con ‘z’… Ooops!

    Besos y abrazos a los dos :-*

  7. ¡Pati @-;–! Gracias por tantos aportes y por la transcripción de los comentarios de José. Otra vez supuse que podría contar con algunos de los dos -o con ambos- para enriquecer el blog (este post en particular). Por mis visitas regulares a Cabana Digital, puedo dar fe de lo mucho que saben sobre diseño y bellas artes.

    Por si faltaban pruebas, basta con leer tus intervenciones de hoy. Gracias de nuevo. 😉
    Un saludo afectuoso.

  8. Estoy llegando tarde a todos los post! Me causó gracia encontrar aquí pensamientos y dificultades similares a los míos! Por ejemplo lo que cuenta Pati: me sucedió exactamente eso alguna vez que di clases de dibujo! La idea de perfección suscita en mí una serie de conceptos y sensaciones aparejadas que tienen ver con un abstracto no pulsional, no vivo, inmóvil, muerto, terminado, finalizado, etc. A menos que seamos spinozianos, y pensemos que la perfección se efectua a cada instante, y que cada uno es todo lo perfecto que puede serlo… pero bueno, la perfección siempre está asociada a la idea de comparación y patrón. Las reglas armónicas existen, pero no son mas que un sui generis de “tendencia al agrado”, sobre la cual hay que manchar, torcer, agregar, quitar, para que la belleza singular, la que nos enamora, aparezca. O eso creo. Saludos!

  9. Jajajaja… acabo de leerme de nuevo la discusión que se prendió por esta entrada, bien interesante por cierto, y me hace mucha gracia el punto de cierre de la misma. Mejor imposible 😉

    Abrazos amiguita.

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