Una pareja perfecta

Una pareja perfectaEs una pena que en las salas de distribución comercial Una pareja perfecta se exhiba en formato DVD. La calidad de imagen deja bastante que desear, tanto que por momentos el trabajo de Nobuhiro Suwa pierde nitidez. Sin embargo, aún en condiciones poco propicias, la película resulta conmovedora e invita a una interesante reflexión sobre el (des)amor y sus insondables laberintos.

Por lo pronto, las limitaciones técnicas no impiden apreciar las actuaciones de Valeria Bruni Tedeschi y Bruno Todeschini. Igual que en Vida en pareja, referencia inevitable por más de un motivo, la actriz italiana vuelve a convencer y a conmover. Su versatilidad es tal que le permite soportar primerísimos primeros planos sin inmutarse, reflejando todo el peso dramático de su personaje (en este punto vale la pena destacar la escena en el Museo Rodin, cuando la cámara se instala en los tristes ojos de «su» Marie).

Además de las actuaciones, debe mencionarse el guión, más precisamente, la pertinencia de sus diálogos, su talento para generar la tensión típica de una separación inminente. Hay algunas escenas magistrales en este sentido. Entre ellas, conmueve la que muestra la puerta que separa al matrimonio protagónico mientras nos deja escuchar una discusión pausada, apagada y sin embargo desgarradora. 

Si la mencionada Vida en pareja propone recorrer una historia de amor empezando por el final y retrocediendo en el tiempo hasta el inicio, el film de Suwa apuesta a un seguimiento que se ajusta a un tiempo casi real. Dicho de otro modo, los espectadores asistimos a los dos o tres días que dura la breve estadía de Marie y Nicolas en París.

Al margen de esta diferencia narrativa, ambos largometrajes se las arreglan para transmitir el hastío, la decepción, el dolor propios de una relación en crisis, casi agónica. Sin embargo, el director japonés es mucho más piadoso que su colega francés.

De hecho, en este relato, existe una posibilidad de reconciliación, la creencia de que -aunque falible- la unión entre los protagonistas es sólida, a lo mejor inquebrantable. Tal vez allí radique su pretendida perfección.