Pronóstico reservado

Hacía tiempo que quería escribir sobre la -cada vez más acentuada- presencia de la publicidad invasiva/invasora en la versión online de los principales diarios de circulación nacional. Eso de ingresar a una nota, y que inmediatamente el texto sea desplazado por un banner diseñado para promocionar tal o cual producto, me resulta particularmente irritante. De ahí la necesidad de manifestar mi contrariedad.

Desde entonces las semanas pasaron, y lo que en aquel momento fue un refunfuño moderado hoy se convierte en santa indignación. ¿Por qué? La respuesta se encuentra en el «acoso» que el paquetito de jabón Skip ejerce sobre la cartelera de cine publicada por el diario La Nación.

La irritante publicidad de Skip en La Nación

Probablemente estamos ante un shoshkele, o algo muy parecido. En buen criollo, se trata de una «publicidad flotante» que sigue el cursor del mouse donde quiera que vaya. En principio, no hay manera de desactivarla; mucho menos de eliminarla*. Por lo pronto, a diferencia de lo que sucede con los banners que aparecen apenas ingresamos a una nota o sección y que se desplazan según bajamos o subimos la página, este iconito no cuenta con ninguna crucecita donde podamos hacer clic para cerrar, y tampoco se esfuma a los x segundos después de haberse activado.

No… Mientras navegamos la cartelera, mientras averiguamos los horarios de la película que deseamos ver, el persistente Skip sigue indefectiblemente nuestro recorrido virtual y distrae impunemente nuestra mirada.

A este fenómeno de publicidad animada, muchos lo llaman «advertainment». Elucubrado por los ideólogos del marketing, el novedoso concepto se presenta como el resultado de la fusión entre advertising y entertainment, y supone una nueva manera de promocionar productos y servicios, a partir de la divertida (¿?) interacción con el (potencial) cliente.

Versión más amigable (¿?)/manejable del banner de Skip

Perfecto… Ahora bien, aunque todos conocemos la estrecha e histórica relación entre periodismo y publicidad, me permito preguntar hasta qué punto los diarios nacionales seguirán explotando los recursos del «online ad» para seguir ensanchando sus márgenes de ganancia en detrimento del (supuesto) respeto por sus lectores y sus redactores.

Dadas las circunstancias, el pronóstico parece por lo menos reservado.
  
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* Probablemente, si configuramos nuestro navegador con algunas restricciones y/o si nuestra computadora opera con versiones «viejas» del programa Internet Explorer, podremos deshacernos del presunto shoshkele o alimaña virtual.