The acid house

The acid houseFuera de lo común… Ésta sería una de las definiciones posibles para The acid house, película escocesa que a pesar de cierta irregularidad vale la pena ver. Los amantes de lo experimental, de lo surrealista, de lo escatológico sabrán apreciarla. En cuanto al resto, tendrá que conformarse con algunos destellos de humor y originalidad poco frecuentes en el cine convencional… o sencillamente seguir de largo.

Aclaración importante: el film de Paul McGuigan narra tres cuentos breves. The Granton star case es el primero. A soft touch, el segundo. The acid house, el último. Aquí no hay cruces ni paralelismos. Las historias se suceden una tras otra y, si bien comparten algunas características, son totalmente independientes entre sí.

Escritos por Irvine Welsh, autor de Trainspotting, los relatos giran en torno a personajes marginales y a situaciones sórdidas e irreparables. Los tres encierran un total escepticismo respecto de las instituciones y de la sociedad en su conjunto, como si éste fuera un mundo de parias librados a un destino indiferente, caprichoso e ineludible.

De hecho, los tres cuentos revelan de un modo más o menos elocuente los tejes y manejes de cierta fatalidad. Incluso el primer relato muestra al mismísimo Dios “en cuerpo y alma” (detalle a tener en cuenta: quien lo encarna -Maurice Roëves- es el único actor que aparece en todas las historias).

Al margen de esta coincidencia, cada relato tiene su particularidad, sus aciertos y sus aspectos discutibles. Personalmente, me quedo con The Granton star case, porque me resultó el más original, el más sorprendente y el mejor logrado. En cambio, el que da título a la película es el que menos me gustó (demasiado obvio).

Insisto: The acid house es una propuesta fuera de lo común, por lo tanto recomendable para quienes tengan ganas de algo distinto. En caso contrario, conviene ignorarla y en cambio optar por algún estreno comercial.