Nacido y criado

Nacido y criadoLeo y releo las reseñas sobre Nacido y criado, y me encantaría sumarme a la cálida bienvenida que la crítica especializada le dio al cuarto film de Pablo Trapero. De hecho, mientras algunos medios hablan de “la madurez” del cineasta argentino, otros alaban su capacidad de “reinvención”. Pero no hay caso: todavía sumida en desilusión, sigo preguntándome porqué la aclamada película me resultó tan indiferente.

Es cierto. Trapero no se repite… Aunque vuelva a filmar en el sur del país, aunque vuelva a retratar el rostro del desamparo, aunque vuelva a concentrarse en la familia, aunque vuelva a recurrir a actores desconocidos, su cine se renueva, adquiere otra estética, otro tono, más pausado y reflexivo. De ahí -supongo- la mención de cierta “madurez”.

Desde esta perspectiva, el largometraje se distingue por una fotografía mucho más elaborada -si se quiere conmovedora- que la que caracterizó a sus antecesores, y por una cuidada banda de sonido, descarnadamente afín a la historia que se pretende contar. Hasta aquí, el reconocimiento, la convicción de que -en efecto- el joven realizador pulió su técnica cinematográfica y explotó al máximo los recursos del lenguaje audiovisual.

Por lo demás, a esta altura caigo en la cuenta de que lo que no me convenció de esta propuesta es la historia narrada, o mejor dicho, algunos detalles de la narración. Entonces, a diferencia de Mundo grúa, El bonaerense y Familia rodante que se destacan por contar relatos redonditos y absolutamente verosímiles, esta nueva producción parece perder pie cuando ejecuta algunas vueltas de tuerca poco creíbles, o al menos bastante forzadas.

De hecho, la tragedia que en un principio se presenta como la crónica de un quiebre cuyas consecuencias son irreversibles e irremediables termina desembocando en una posible reconciliación (con el pasado, con los afectos perdidos) que suena a concesión, a cierre folletinesco.  

Es una pena. De no ser por su desenlace edulcorado, Nacido y criado podría haber sido una suerte de western vernáculo, una película sobre hombres aguerridos, solitarios, callados, reservados que habitan tierra adentro y que eventualmente esconden algún secreto.  

Pero no… Trapero parece quedar encerrado en una fábula sobre la culpa y la redención que se desintegra en el almíbar de un perdón deseable/deseado. De ahí, tal vez, la bienvenida tan cálida como generalizada, a la que desafortunadamente no puedo sumarme.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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