Celular, la llamada final

Celular, la llamada finalCelular, la llamada final es una de esas películas tan pero tan malas que uno sigue mirándolas simplemente por curiosidad enfermiza, para medir las dimensiones de semejante bodrio. Claro… En algún momento uno además recuerda eso de que «la inteligencia tiene sus límites; la imbecilidad, no», y entonces el título de David R. Ellis pierde absolutamente toda posibilidad de interés.

Un poco como Enlace mortal, este film gira en torno a una llamada telefónica que no puede/debe cortarse. Así, si en el largometraje de Joel Schumacher el desprevenido Stu (Colin Farrell) se convierte en rehén de una cabina de teléfono público, aquí la secuestrada Jessica (Kim Basinger) se aferra a una clandestina y azarosa conexión con el modernísimo celular de un joven desconocido pero igualmente dispuesto a ayudarla.  

En este caso el protagonismo de la telefonía móvil permite -valga la redundancia- mayor «movilidad» en el desarrollo de la historia. Entonces, a diferencia de la cámara más o menos estática de Schumacher, la de Ellis incluye persecuciones -de a pie y automovilísticas-, enfrentamientos -armados y a los puños- y hasta algunas intervenciones pseudo-humorísticas de personajes ultrasecundarios.

Sin embargo, la apuesta a la acción no es garantía de verdadero entretenimiento. Al contrario, el guión de Chris Morgan hace agua por todos lados: porque propone giros increíbles (por ejemplo, el del escalpelo de Jessica/Kim), porque extiende situaciones insostenibles (¿con cuánta carga cuenta el celular del heróico Ryan?), porque resulta absolutamente predecible (sí, sí… Los malos pierden).

Las actuaciones también dejan mucho que desear. Kim llama la atención por su inexplicable parecido con Grecia Colmenares (Grecia Colmenares cuando encarnaba a Topacio); Chris Evans sólo logra poner caritas de circunstancia (para qué pedirle más si se trata de un lindo muchacho); y el más rescatable -William Macy- hace lo que puede en su rol de policía a punto de jubilarse pero siempre atento y profesional.

En fin… Que Celular, la llamada final es una película muy mala. Tanto que no vale la pena perder tiempo (¿pulsos?) con ella.