Tintín

Los cigarros del faraónA diferencia de Astérix, Lucky Luke y Locuras de Isidoro, Tintín nunca encabezó la lista de mis comics favoritos. Será que por un lado sus entregas me resultaban irregulares (algunas me fascinaron, por ejemplo Los cigarros del faraón; otras me aburrieron sobernamente, Las joyas de la Catasfiore). Será que por algún motivo el mismísimo protagonista no terminaba de convencerme (no me gustaba que fuera taaaan perfectito). Sin embargo, la célebre historieta de Georges Rémi -mejor conocido como Hergé- marcó mis primeros años de adolescencia, y de tanto en tanto sigue acompañándome en plena vida adulta.

Después de todo, las aventuras de aquel joven periodista con pantalones al tobillo y jopito rubio al viento son bastante envidiables para quien haya soñado con convertirse en corresponsal de algún tabloide importante. Sin dudas, eso de viajar por el mundo para inmiscuirse en asuntos internacionales y súper confidenciales atrapa a cualquier espíritu temerario.

El capitan Haddock, mi favoritoEspecie de James Bond avant la lettre, Tintín tiene del agente 007 la astucia, el arrojo y el savoir faire. Sin embargo, a diferencia del espía secreto británico, no es mujeriego, no maneja autos último modelo ni utiliza dispositivos de ataque/defensa sofisticados.

En realidad, sus únicas «armas» son la incondicional compañía de su perro Milú y el invalorable apoyo de sus amigos: el siempre distraído profesor Tornasol y el eterno protestón capitán Haddock, mi personaje preferido. Por eso a grandes rasgos, el éxito de sus misiones es producto de la maña antes que de la fuerza (y de la tecnología).

Recuerdo que en algún momento, ya siendo más grande, leí o escuché por ahí que la historieta de Hergé esconde una propaganda solapadamente pro capitalista, que basta con ver la caracterización de los malos para detectar cierta postura anti-comunista y anti tercermundista. Desde esta perspectiva, el detalle de que en general los malhechores se distingan por sus rasgos achinados o aindiados no es casualidad, sino una decisión tomada a conciencia con el fin de reivindicar a la cultura europea y occidental.

Tintin y su perro MilúEspeculaciones aparte, lo cierto es que Tintín posee el indiscutible mérito de entretenernos con relatos de intriga y suspenso (en ocasiones, relatos de neto corte policial) y de paso nos hace repasar algunos sucesos del siglo XX, aún cuando sea de manera distorsionada. Después de todo, aquí no se trata de «la Historia», sino de una simple historieta.