La joven de la perla

El filmLa joven de la perla, Muchacha con arete de perla o Girl with a pearl earring es una película sensual en la acepción más literal del término. Despierta nuestra sensorialidad en un registro visual (tengan en cuenta que este film cuenta la historia del cuadro homónimo) y en otro epidérmico (la textura de las telas, los componentes de las pinturas, el sutil movimiento de los personajes nos invitan a imaginar la aspereza/suavidad de materiales y el delicado roce de pieles). De ahí quizás que esta coproducción anglo-luxemburguesa-estadounidense seduzca, cautive, enamore.

Lo primero que llama la atención en este film es la reconstrucción de época, como sólo los europeos pueden hacerla. De hecho, aquí existe un doble esfuerzo de producción: el primero nos sumerge en la sociedad holandesa del siglo XVII; el segundo recrea la iluminación y las tonalidades utilizadas por Johannes Vermeer, el segundo pintor más reconocido de los Países Bajos después del celebérrimo Rembrandt.

Los logros son increíbles. A pesar de toparnos con actores tan reconocibles como Scarlett Johansson y Colin Firth, estrellas que inmediatamente asociamos a personajes contemporáneos, el viaje al pasado se convierte en ineludible y en absolutamente verosímil.

Además de destacarse por su calidad estética y por su rigurosidad histórica, el largometraje inspirado en la novela de Tracey Chevallier y dirigido por Peter Webber consigue el mérito excepcional de cumplir con ciertos fines pedagógicos sin por eso resultar solemne y/o aburrido. De hecho, uno aprende sobre los usos y costumbres de determinada época en determinado país, sobre la historia de un cuadro, e incluso sobre un retazo de la vida personal de Vermeer y de su joven criada Griet.  

El cuadroEn esta película nos encontramos con un Firth bastante repetido (o bien el actor inglés no es muy dúctil; o bien siempre le toca interpretar a personajes taciturnos, parcos, moderadamente conflictuados) pero con una Johansson inusual, casi irreconocible, totalmente alejada del rol de seductora irresistible. Ambos se apoyan en un elenco sólido, convincente, y en un vestuario y maquillaje magníficos que los ayudan a transformarse en sus personajes.

Resumiendo, ver La joven de la perla genera un verdadero placer estético, y la sospecha de que en nuestro siglo XXI deberíamos tratar de recuperar la sensualidad en la acepción más literal del término.