El aprendiz

El aprendizEstrenada en la Ciudad Kultural Konex, El aprendiz es una propuesta teatral en total sintonía con aquel espacio innovador, experimental, posmoderno, montado en pleno barrio porteño del Abasto. Por lo pronto, la obra de Pablo Shilton juega con lo impensable: insertar algunos aspectos de la dramaturgia clásica (personajes estáticos con escasa interrelación) en un entorno tecnológico poco usual en las tablas.

Aquí la informática cumple una doble función. Por un lado, escenifica la historia con una suerte de caleidoscopio computadorizado y con la distorsión de algunas voces actorales. Por el otro, se convierte en referencia silenciosa pero omnipresente tanto para los protagonistas como para el público.

Éste es un relato futurista, con una fuerte influencia gibsoniana. Los personajes hablan de ciberespacio, de realidad virtual, de manipulación de ADN, de cyborgs, de desmaterialización corpórea. Y nosotros, espectadores, sacamos conclusiones sobre la condición humana y el futuro de nuestra sociedad.

Además de tratar tópicos universales ligados a nuestra evolución como especie y al peligro de la alienación tecnológica, el texto de Shilton alude a retazos de nuestra Argentina (por ejemplo, uno de los personajes se educó en el Colegio Nacional de Buenos Aires y también participó «en la guerrilla de los setenta»). De esta manera, igual que en el mundo real, aquí también existe un roce, un conflicto permanente entre lo global y lo local, lo externo y lo interno.

Sin dudas, lo mejor de El aprendiz son las actuaciones. De hecho, Leticia Torres, Diego Rodríguez, Alfredo Rizo, Luis Urgoiti y Jorge Vigetti dan irrefutables pruebas de concentración, resistencia, entrega e histrionismo.

En cambio, algunas redundancias en los parlamentos y por momentos la sobrecarga de luces y sonidos resultan contraproducentes. Dadas estas circunstancias, las buenas intenciones de la obra resultan insuficientes a la hora de llegar a buen puerto.

No importa: a pesar de ciertas desprolijidades, el esfuerzo no es en vano. De aquí en más, será cuestión de pulir detalles y de seguir remando.