La espuma de los días

La espuma de los diasEl viernes a la noche estaba recorriendo el blog de Sergio y en su dedicatoria me encontré con un homenaje a Boris Vian entre otros autores. Inmediatamente hice un flashback a mis 15 años cuando leí -devoré, en realidad- La espuma de los días, o L’ écume des jours en francés. Entonces recordé la sutil crítica a una juventud acomodada, a su existencia abúlica, a su superficialidad, a su desdeño por el trabajo. También me vinieron a la mente los aires de posguerra que tiñeron a este libro escrito en 1947.

Vian fue una persona de perfil renacentista, multifacético. Ingeniero de profesión, abandonó rápidamente los planos y las grúas para dedicarse de lleno a la literatura y a la música. Quienes lo conocieron lo describen como un hombre lúcido, con el sarcasmo a flor de labios.

Nacido en 1920, este poeta y compositor también se sumó a las filas del existencialismo*, y algunos no dudan en asociarlo con la corriente surrealista. Así de ecléctica fue su corta vida (murió antes de cumplir los 40); así de ecléctica es su obra.

En el caso de La espuma de los días, se trata de un libro que paradójicamente alude a una realidad, a aquel presente de desazón posbélica, desde un marco de aparente irrealidad. De ahí que los protagonistas Colin, Chloé, Chick y sus acólitos vivan en una suerte de burbuja que les brinda una visión distorsionada de su lugar en el mundo.

El texto se desarrolla entonces entre referencias a una Francia en vías de reconstrucción (cuyo proceso de industrialización y burocratización parece conducir a la inevitable opresión de obreros y empleados administrativos), y algunas pinceladas indiscutiblemente surrealistas (por ejemplo, el inexplicable fenómeno de achicamiento que padece la casa de Colin).  

Recuerdo especialmente la presencia del jazz. De hecho Vian menciona músicos y temas, e incluso -al menos en la versión francesa- la emblemática letra «Z» se cuela en algunas palabras normalmente escritas con «S». Uno podría decir que esta novela tiene banda sonora: de hecho, cuando las cosas andan bien los personajes escuchan alguna melodía armoniosa, pero a medida que se avanza en el relato, esas notas quedan relegadas ante la irrupción de ruidos cada vez más invasivos.

Me gustaría volver a leer La espuma de los días. Me pregunto si el efecto será el mismo a casi veinte años desde aquella primera pero inolvidable lectura.

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* Vian era amigo de Jean Paul Sartre, tanto que para L’écume des jours inventó un personaje llamado Jean Sol Partre, anagrama evidente si los hay.