A pura maldad

La madrastra BetteNavegando por los mares virtuales de Internet, di con una vieja nota del diario español El mundo sobre los diez peores villanos británicos del milenio, elegidos por los mismos ingleses a pedido de la BBC. Inspirada en el artículo, se me ocurrió armar un repaso de “los malos más malos” del cine. Como de costumbre, se aceptan correcciones y sugerencias.

Los veteranos
Apenas empiezo a hacer memoria, los recuerdos de infancia rescatan el nombre de los malvados que más me asustaban en aquel entonces: el vigilante gordo y barbudo (Tom Wilson) de muchas películas de Chaplin –El pibe por ejemplo-, el cínico y megalómano Lex Luthor (Gene Hackman) en Superman, el achinado emperador Ming (Max Von Sydow) de Flash Gordon, y la madrastra animada de Cenicienta con rasgos de la arpía por excelencia, Bette Davis.

Aunque nunca fui fanática de la saga intergaláctica pergeñada por George Lucas, no puedo dejar de mencionar al oscuro Darth Vader. Por suerte, La venganza de los Sith permitió entender el porqué de tanto resentimiento, y entonces supimos disculpar el comportamiento del oscuro caballero.

Por otra parte, una mención especial para el malo más simpático de todos los tiempos, o al menos de mi niñez: Sigfried (Bernie Kopell), el archienemigo del igualmente inolvidable agente 86.

Carne de diván
Maldad patológicaDe la adolescencia en adelante, los villanos no sólo causan miedo, sino también rechazo, aversión, angustia y demás síntomas dignos de una buena terapia. El primero en disparar distintas lecturas freudianas es Freddy Krueger con sus recurrentes pesadillas (pensar que el actor Robert Englund hacía de lagarto bueno en V). Y si hablamos de sueños pesados, nada peor que los inspirados en aquel tiburón asesino, terror de la costa californiana.

Ahora bien, cuando la maldad se convierte en perversión, los prototipos se multiplican. Tenemos entonces al padrastro Edvard Vergerus (Jan Malmsjö) de Fanny y Alexander, al hermano despiadado Woo-jin Lee (Ji-tae Yu) de Oldboy, a la despechada Alex Forrest (Glenn Close) de Atracción fatal y al inescrupuloso dúo conformado por Sébastien de Valmont (John Malkovich) e Isabelle de Merteuil (otra vez, Close) de Relaciones peligrosas.

Los pintorescos
Después de los monstruosos y perversos, vienen los malos más originales y/o sugestivos. Esta categoría incluye a personajes tan disímiles como el mismísimo diablo -Louis Cyphre- que Robert De Niro compuso para Corazón satánico, el inescrupuloso y corrupto doctor Cureta (Gianni Lunadei) de La clínica del Dr. Cureta, la tirana Mrs. Tweedy (con voz de Miranda Richardson) de Pollitos en fuga, y el celoso Yago (Micheál MacLiammóir) en el Otelo de Orson Welles.

Inconfundible bastón de Louis CypherPor último, están los villanos del mundo del hampa y/o de la mafia (en este momento pienso en el desagradable Jackie Boy de Benicio del Toro en La ciudad del pecado), y los de la mismísima policía (por ejemplo, el envidioso inspector Denis Klein de Gérard Depardieu en El muelle).

Evidentemente, los canallas no perdonan género, estilo ni procedencia. Y está muy bien. Después de todo, ¿qué sería del cine sin su saludable presencia?