El inspector

El Inspector y el sargento DodóDicen que la pantera rosa le pasó por encima, o al menos le quitó protagonismo. Dicen que su éxito le pertenece a Peter Sellers, actor que le dio carne y hueso en la pantalla grande. Dicen que los niños actuales no lo conocen, que en el mejor de los casos lo confunden con un tal Gadget. No importa…

Para mí, el único inspector válido es El inspector, así, a secas. Aquel uniformado francés famoso por hacerle siempre la reverencia a su superior («bien sûr, monsieur le commissionaire»), por corregir indefectiblemente a su ingenuo ayudante Dodó («no digas , di oui«), por perseguir a criminales apodados La Mancha o Harry dos caras, y por haberme hecho reír desde la tierna infancia hasta ahora.

Probablemente este dibujito sea uno de los pocos cuyo doblaje no molesta. Quienes vivimos de este lado del mundo no conocemos la voz de Pat Harrington, Jr., actor encargado de interpretar al protagonista y a su compañero de aventuras. Pero sí podemos disfrutar de una versión en español pertinente, graciosa, irreprochable (¿alguien sabe quiénes eran los responsables de esta edición?). 

Al margen del detalle de localización, El inspector tiene un enganche universal. Primero, porque el trabajo de animación de Manny Perez, Don Williams, Bob Matz, Warren Batchelder, Norm McCabe y George Grandpre logra unos personajes adorables, por más «malos» que sean. Segundo, por la sorna con la que el guionista John W. Dunn retrata a la policía. Tercero, porque las distintas historias juegan -siempre respetuosamente- con cuestiones de identidad cultural y nacionalidad (cómo olvidar aquel episodio donde el inspector se enfrenta con la flema exasperante de un detective inglés). Cuarto, porque la música de Henry Mancini convence a cualquiera. 

¿Se acuerdan de esta presentación?Tal vez estoy poniéndome vieja, y por eso me parece que los cartoons actuales son muy inferiores a las producciones de David H. DePatie y Friz Freleng. Sin dudas, hoy nuestros hijos tienen acceso a una programación variada y full time totalmente impensable -ni siquiera imaginada- en nuestra época. Sin embargo, es por lo menos sugestivo que semejante parafernalia siga recurriendo a creaciones que rozan el medio siglo.

Como sea, El Inspector sigue vivito y coleando. Por eso quien se atreva a cuestionarlo o menospreciarlo será inemediata y severamente sancionado «en el nombge de la leeeeeiiiiiiiiiiiiiiyyyyy». 😉