El camino de San Diego

El camino de San DiegoEl camino de San Diego es otra historia mínima de Carlos Sorín. Es otra fábula protagonizada -incluso actuada- por personajes anónimos, totalmente opuestos a los héroes y galanes de la industria cinematográfica. Es otro recorrido tierra adentro por rincones inmunes a la contaminación urbana, tecnológica y mediática. Es otro relato conmovedor sobre la fe, la solidaridad, la generosidad, la incondicionalidad de los que menos tienen.

Los espectadores que conozcan el nordeste argentino, aquéllos que por algún motivo mantengan una relación afectiva con esa región del país, sucumbirán al encanto de este film. En este sentido, su introducción -esa serie de testimonios con aire a documental- presenta un fiel retrato de la Misiones profunda, colorada, guaranítica, selvática. Así, los rostros de los entrevistados, su discurso, sus pausas, sus silencios, sus mates, sus cervezas son la «ventana» a una realidad distinta y distante, absolutamente ajena a la vorágine porteña.

Contrariamente a lo que pueda pensarse, Sorín no habla de Maradona ni de pasión futbolera. En cambio, sí se refiere a la fidelidad inquebrantable de quienes admiran, alientan, defienden, protegen a un par convertido en referente social y cultural, en «ídolo». De hecho, así como aquí se trata específicamente del «Dié», en otro caso también podría haberse tratado de Sandro, o años atrás del potro Rodrigo, de Gilda, incluso de Evita o Ernesto Guevara (en este punto habría que destacar la escena donde se menciona a la «Santísima Trinidad» conformada por Diego Armando, el Che y el Gauchito Gil).

A este realizador argentino suelen reprocharle su tendencia a contar historias donde «no pasa nada». También se lo critica por confiar la interpretación de sus personajes a actores no profesionales o, peor aún, a personas sin conocimientos ni experiencia en materia de actuación.

Desde ese punto de vista, esta road movie no es ninguna excepción. Por eso es probable que desencante, aburra, exaspere a quienes buscan acción y/o encontrarse con caras conocidas.

En cambio, para los interesados en el cine de autor, en anécdotas aparentemente anodinas pero sumamente originales, en personajes entrañables, en escenas verdaderamente emotivas, El camino de San Diego es sin dudas una película altamente recomendable.

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PD. Al menos hasta el martes pasado, esta película no figura en los archivos de IMDb. Extraño, ¿no?