Six feet under

Six feet underResulta difícil traducir el título de esta producción de HBO, protagonizada por una familia dedicada al negocio de las pompas fúnebres. En un sentido literal, la expresión “six feet under” remite a la profundidad estándar de una tumba, y en un sentido metafórico también alude a la corta distancia que nos separa de La Parca. Lo cierto es que, nos guste o no, el modismo inglés le viene como anillo al dedo a una propuesta donde los muertos se convierten en excusa recurrente para hablar de los vivos.   

Idea original de Alan Ball (algunos lo recordarán por haber sido el guionista de Belleza americana), el programa tiene la continuidad propia de una serie y la autonomía temática de un unitario. Así, por un lado podemos acompañar las interminables idas y venidas de los disfuncionales Fisher; y por el otro podemos disfrutar de los episodios en forma esporádica o intermitente, sin estar obligados a prestarles un seguimiento incondicional.

Cada capítulo empieza con una muerte (en general, se trata de muertes accidentales, sorpresivas, inesperadas). Las características del personaje fallecido, la reacción de sus deudos, los preparativos del funeral suelen disparar reflexiones, decisiones, discusiones entre los protagonistas.  

De esta manera, el programa evita -o al menos disminuye- esa sensación de encierro y hastío que suelen causar las series enfocadas en un grupo humano reducido, ya sea una familia o un círculo de amigas. De hecho, contrariamente a lo que ellos mismos piensan, Ruth y sus hijos David, Nate y Claire se renuevan, se enriquecen, “se airean” gracias a su particular contacto con los muertos, propios y ajenos.

La serie también se oxigena a partir de otros dos elementos. El primero tiene que ver con la rotación de directores (entre los más conocidos, figuran Kathy Bates, Rodrigo García y el propio Ball). Si bien el tratamiento es atinadamente homogéneo (tampoco es cuestión de abogar por un “cocoliche” de estilos), la intervención de distintas miradas, acercamientos e improntas aporta un toque personal, distintivo, “anti-industrial”.

El segundo elemento es el humor. Un humor que no llega a ser negro (salvo algunas excepciones, como la del pie que Claire “roba” para vengarse de un novio desalmado) pero que sí nos permite sortear lo sórdido, lo inexorable, lo irreparable de la muerte.

Emitida entre junio de 2001 y agosto de 2005, aún hoy Six feet under se mantiene viva en la memoria de muchos. Sin dudas, la propuesta de HBO es otra prueba de que la caja boba puede generar productos cuidados, bien logrados, interesantes, inteligentes. Ojalá el ejemplo cunda; a lo mejor ayuda a ponerle fin a la tan difundida abulia televisiva.