Knock

Knock, de Jules RomainsY sí… Sin ánimo de ofender, me permito confesar que, salvo contadas excepciones, los médicos me caen mal. No me convencen; les tengo mucho recelo. Desde hace un tiempo, los considero simples mecánicos de nuestra anatomía. Perdón, me corrijo: simples mecánicos de una parte de nuestra anatomía. Para la mayoría, los pacientes no somos personas; representamos más bien un número, un órgano, una consulta, un historial, una patología.

La culpa no es enteramente de ellos, claro está. La privatización del servicio de salud, las presiones de la industria farmacéutica, los supuestos de una cultura disociadora de cuerpo y espíritu los han convertido en meros instrumentos de un sistema que busca mantenernos sanos, simplemente por cuestiones de productividad y rentabilidad.

Sin embargo, es igual y lamentablemente cierto que los galenos no hacen demasiado para revertir la situación. Al contrario, unos cuantos parecen sacarle provecho, tirando por tierra el noble compromiso asumido con los antiguos postulados hipocráticos.

Ante estas constataciones y a modo de alerta, nada mejor que recordar otra obra de teatro que satiriza a los matasanos. Efectivamente, después de haber transcripto algunos párrados de El enfermo imaginario, Espectadores elige reservarle un espacio a Knock, título teatral del ya fallecido Jules Romains.

De hecho, así como Molière se basaba en los parlamentos de un personaje hipocondríaco para deslizar su visión irónica y descreída de la medicina, la pieza aquí comentada parte de la figura de un doctor cuya marcada visión empresarial sirve como punto de partida para denunciar la venalidad de una profesión en principio vocacional, servicial, altruista.

Ante todo, el Dr. Knock es un hombre de negocios (incluso fue vendedor de corbatas antes de ejercer la medicina). De ahí sus famosas declaraciones con veta comercial, por ejemplo “estimo que, en contra de todas las tentaciones, debemos trabajar para la conservación del enfermo, fuente de nuestros ingresos”. Y la expresión de su deseo más profundo: “mandar a toda una población a la cama, para ver, para ver”.

Escrita en 1923, la parodia de Romains mantiene su vigencia intacta, y cautiva a quien la lea y/o la vea representada. ¿Será que el tiempo pasa y, sin embargo, los médicos no cambian?

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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