Esquizofrenia social

Cliente y sospechosoAhora, en cuanto ponemos un pie en el videoclub o en el supermercado, nos exigen que dejemos nuestro bolso/mochila en un locker, o a la vista del custodio de turno. Y antes de abandonar una librería, disquería o negocio de ropa, debemos tolerar que nos revisen la cartera. Y cuando compramos nuestro almuerzo con tickets, tenemos que mostrar nuestro documento de identidad. Y cuando pagamos un chocolate o una revista, el kiosquero verifica los relieves y dimensiones de nuestras monedas.

Por suerte, para compensar tanta desconfianza, el videoclub y el supermercado nos benefician con descuentos, ofertas y promociones; la librería, la disquería, el negocio de ropa nos envían mails sobre el lanzamiento de sus nuevos productos; el bar/café/restaurant nos regala un chupetín con la cuenta; y el kiosquero nos pregunta en forma retórica si puede debernos los cinco centavos del vuelto. 

No cabe duda: esto de ser simultáneamente clientes y sospechosos es un fenómeno tan paradójico como fascinante. En definitiva, somos una nueva versión de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Prueba irrefutable de nuestra cada vez más exacerbada esquizofrenia social.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 thoughts on “Esquizofrenia social

  1. En Blockbuster en un mostrador me obligan a dejar mi bolso y en el mostrador de al lado me ofrecen el abono mensual con “interesantes beneficios”.
    Hay muchos locales a los que decido no entrar o cadenas de supermercados que ya no me cuentan entre sus clientes justamente por situaciones parecidas a las que describís (como si les importara).

    A veces los nervios me ganan y me enojo con el responsable de indicarme que debo dejar mi bolso en el locker o mostrarlo a la salida, o simplemente me escruta en mi recorrido entre las góndolas pero suelo apelar al clásico “está haciendo su trabajo” y prefiero imaginarme al gran pensador que elaboró semejante directriz como la de suponer que ofrecerme un descuento recompensa sospecharme de “amiga de lo ajeno”.

    Mejor no me explayo sobre las características físicas de los candidatos a lucirse como “¡ojo! yo soy chorro” porque entraríamos en otro terreno pero… caramba…. prejuicios hasta en la sopa.

  2. Entremos en el terreno, Ana. La portación de rostro es la referencia número 1 a la hora de agudizar las medidas de seguridad aplicadas contra los clientes. A esta altura, casi nadie está exento de atravesar las situaciones descriptas en este post. Pero si además uno posee ciertos atributos físicos (no estoy hablando precisamente de gente blanquita, rubia y de ojos claros) y se viste de determinada manera (tampoco me estoy refiriendo a gente fashion), indefectiblemente la cosa se pone mucho peor.
    Como dice aquel famoso slogan, “pertenecer tiene sus privilegios”. ¿Quién se atreve a negarlo? 😛

  3. Muy interesante reflexión: no hay otro modo de llamarlo, más que esquizofrenia social, y como dices, impresionante el fenómeno de ser cliente y sospechoso a la vez. ¿A dónde iremos a parar? ¿Hasta dónde permitiremos, como consumidores, estar a disposición del custodio o de las cámaras de seguridad?…

  4. Ojalá en algún momento la gente se concientice y ponga un poco de límites, ®. Tendríamos que seguir el ejemplo de Ana. Creo que si todos nos pusiéramos de acuerdo para dejar de ir a esos lugares, las cosas cambiarían.

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