Esquizofrenia social

Cliente y sospechosoAhora, en cuanto ponemos un pie en el videoclub o en el supermercado, nos exigen que dejemos nuestro bolso/mochila en un locker, o a la vista del custodio de turno. Y antes de abandonar una librería, disquería o negocio de ropa, debemos tolerar que nos revisen la cartera. Y cuando compramos nuestro almuerzo con tickets, tenemos que mostrar nuestro documento de identidad. Y cuando pagamos un chocolate o una revista, el kiosquero verifica los relieves y dimensiones de nuestras monedas.

Por suerte, para compensar tanta desconfianza, el videoclub y el supermercado nos benefician con descuentos, ofertas y promociones; la librería, la disquería, el negocio de ropa nos envían mails sobre el lanzamiento de sus nuevos productos; el bar/café/restaurant nos regala un chupetín con la cuenta; y el kiosquero nos pregunta en forma retórica si puede debernos los cinco centavos del vuelto. 

No cabe duda: esto de ser simultáneamente clientes y sospechosos es un fenómeno tan paradójico como fascinante. En definitiva, somos una nueva versión de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Prueba irrefutable de nuestra cada vez más exacerbada esquizofrenia social.