Eleonora

Eleonora Cassano¡Y pensar que el domingo anduve con la cámara a cuestas! Por las dudas, por si surgía algo interesante. El lunes, en cambio, dejé el aparato en casa y volví a convertirme -como todos los lunes- en una trabajadora más.

Una verdadera pena. Porque ese mismo día al mediodía almorcé al lado de (que conste: al lado de no significa con) Eleonora Cassano.

Y realmente fue un placer descubrir a la bailarina argentina en plenas Galerías Pacífico, sin ningún rasgo de divismo, compartiendo una mesa con cuatro jóvenes estudiantes de ballet (creo haber escuchado que venían de la provincia de Córdoba), pasando totalmente desapercibida entre tanta gente.

Allí estaba, sentada en su silla, como una más, sin tapado de piel, ni foulard, ni lentes oscuros, ni pañuelo en la cabeza, sin siquiera maquillaje. Serena, escuchaba atentamente a los chicos, y de tanto en tanto hacía algún comentario sobre la importancia de alimentarse bien, de cuidar el cuerpo, «los músculos, los tendones, las articulaciones».

En alguna oportunidad mencionó su experiencia en tal o cual teatro, «con Julio«. También se refirió a algunos proyectos que le gustaría emprender más adelante. Su decir era suave, pausado, nada excéntrico ni dramático.

A medio metro de distancia, Eleonora parece modesta, centrada, generosa, totalmente ajena al star system, al vedettismo, al «aquí estoy yo». Ella ahí, tan humana, tan cerca, tan accesible, y quien escribe estas líneas, un poco más acá, con mucha emoción, admiración e ilusión pero eso sí… sin cámara.